La bella estoicidad de ser diferente

Ericka Villegas (Ist-Ericka)

Coordinadora editorial de Opción Bi

Baterista del grupo de rock Neurotika.

En ocasiones, me da por reflexionar sobre lo paradójico que me parece el que nuestro medio social nos esté constantemente bombardeando con ideas sobre la importancia de la individualidad, sobre cómo es necesario y deseable reconocernos entes libres, independientes e, incluso nos alienta a convertirnos en transgresores de esquemas convencionales, dotando a este deseo de cargas incluso, francamente románticas sobre la bella estoicidad de ser diferentes. De este modo, nuestros modelos a seguir, llámense santos, mártires, héroes nacionales, universales y ficticios, nos son presentados como adalides que han contravenido con la imperfección de su tiempo, para crear pensamientos, ideas y sistemas que se eleven por sobre lo anterior con la majestad de su visión casi mesiánica, instituyendo verdades incuestionables que tienen que ser defendidas a su vez, contra una pujante barbarie de seres teóricamente inadaptados que, al no comprenderlas, las cuestionan y se presentan en apariencia, como indeseablemente disidentes.

Dentro de esta paradoja, incluso podemos hallar formas oficiales de discrepancia; contraculturas socialmente asimiladas, expresiones políticas y artísticas que, buscando respeto a su derecho a diferenciarse, se convierten, por un lado en cerradísimos espacios puristas donde quien difiera de la idea común es segregado, y por otro, en corrientes de pensamiento y acción susceptibles a ponerse de moda. Luego entonces, las personas, convertidas en masa sin identidad, harán lo posible por transmutarse en un vasto e inverosímil grupo de transgresores uniformes. Existe pues, un modelo ideal para ser rebelde, un fenotipo deseado, una vestimenta apropiada, una expresión artística imprescindible y un marco de aleccionamiento reaccionario disimuladamente permitido.

Cuando vuelvo de mi ensimismamiento, me encuentro en un mundo polarizado, un mundo de opuestos, aparentemente irreconciliables, pero sospechosamente complementarios y donde ni los puntos medios, ni las disyuntivas a una línea recta que también carece de segmentos intermedios, tienen lugar. ¿Cómo, en un espacio donde sólo conviven lo sublime y le execrable, vivirme humana? ¿Cómo me encuentro yo, cómo nos encontramos todas las personas que, irremediablemente distintas, estamos sin cabida en los modelos contradictorios en que se asimilan tajantemente la semejanza y la diferencia? ¿Mi cotidianidad? Soy morena, de rasgos indígenas en una latitud, artificialmente sajonizada, soy zurda en un mundo diestro, soy mujer en un contexto masculino, soy transexual feminista en un medio donde las demás mujeres feministas, leen mi condición como una infiltración masculina (Como si la convicción tuviera genitales) No tengo religión, pero tengo Dios en un mundo donde vives y mueres solo por obra de cruz o espada, soy bisexual donde sólo la homosexualidad se permite contravenir el ideal heterosexista. Soy, pues, una vaga y fugaz palabra que busca una enunciante propicia.

Cuando adolescente, pasaba mis noches soñando con las palabras de Herman Hesse, el autor favorito de mis primeras lecturas sin saber que un día, su eco sería mi ruta y mi destino su sentencia:

El que quiere nacer, tiene que romper un mundo”. Y heme aquí, rompiendo el molde de mí misma para renacer más viva, transgrediendo a la vez, el paradigma… y la disidencia.

 

Abstracts/Resumenes de las Ponencias