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Autoconcepto
en personas que viven con VIH*
David
Alvarado Jiménez
Fundasida
A.C.
Mexico
A
partir de la notificación de un resultado positivo a VIH, el individuo
comenzará a experimentar una serie de ajustes hacia su propia persona, de
acuerdo al modo en que este resultado sea integrado a la personalidad y modus
vivendi del sujeto. Pero ¿cómo
podemos definir lo que es la personalidad de un individuo y la manera en
que ésta se pueda ver alterada a partir de un diagnóstico?
De
acuerdo con Eysenck la personalidad es “la más o menos estable y
duradera organización del carácter, el temperamento, la mente y del físico
de una persona. Organización que determina su adaptación al medio”. El
carácter lo podemos entender como el sistema de comportamiento volitivo
(de voluntad) de la persona; el temperamento su sistema de comportamiento
afectivo (emocional); la mente es el sistema de comportamiento
cognoscitivo (inteligencia), y el físico la forma más o menos estable
del sistema de configuración corpórea (Abbagnano, 2000:912).
Es
un hecho que el hombre, en un afán de tratar de comprender su entorno y
comprenderse a sí mismo, trate de dar explicación a este tipo de eventos.
El hombre busca una explicación que satisfaga su necesidad de dar
respuesta a las interrogantes de su vida y con ello, darle un sentido;
esto le permitirá obtener cierto grado de control sobre los sucesos y
hasta llegar a predecirlos.
Es
por lo anterior, que el autoconcepto se entiende como una estructura
cognoscitiva que surge a partir de la experiencia, es decir, surge de la
vivencia de sí mismo, por lo tanto el sujeto tendrá una percepción y
una representación respecto a él. Tiene que ver necesariamente con una
idea de su cuerpo, su propia representación y el modo de interactuar con
los otros que lo rodean.
Al
saberse portador de un virus que atacará principalmente las defensas del
cuerpo, el sujeto creará una serie de mecanismos de defensa con la
finalidad de aminorar el impacto de saberse susceptible de enfermarse. La
noticia de ser portador del VIH es vivida regularmente como algo doloroso
que pone en peligro la estabilidad del sujeto. Este puede reaccionar desde
la negación del evento hasta la agresividad y coraje. La psicoterapia
tiene como finalidad primaria, lograr que el sujeto baje “la guardia”
con respecto a sus mecanismos de defensa y logre una vivencia más plena,
disminuyen las conductas de riesgo y logre una adherencia terapéutica al
tratamiento médico, si es que decide iniciarlo.
Alvarado
y Díaz (1995) realizaron una investigación sobre el impacto del VIH en
parejas serodiscordantes y sobre un plan de vida futuro; una de las
conclusiones de los autores, a partir del análisis de las entrevistas, es
que el VIH es una parte más de su identidad, es decir, hablan del VIH
como una parte más de ellos mismos; “cuando se les pidió que se
describieran, respondieron por lo común “Me
llamo Equis, hombre homosexual seropositivo al VIH”.
Finalmente,
es importante considerar que independientemente del tipo de ayuda
emocional que se reciba, a partir de saberse portador del VIH, esta nueva
condición de vida implica cambios y ajustes orientados siempre al
crecimiento de la persona. El tipo de ayuda que se reciba tendrá que ver
con las expectativas personales y dirigidas a incorporar al VIH dentro del
ritmo de vida que cada quien asuma como propio.
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