NUNCA EN MARTES: Acabo de
ver la televisión. La señal pública transmitió Filadelfia, la
primer película destinada al Gran Público, a las masas del planeta
en donde se discutió, se abordó, se destazó la realidad del VIH y,
además, de vivir siendo un abogado exitoso, un hombre homosexual...
En aquel entonces, lo recuerdo perfecto, activistas GLBT se quejaron
porque el argumento no llegó lo suficientemente lejos, y las muestras
de afecto entre los protagonistas –aún Banderas parecía español y
no Movie Star made in Hollywood-,
cuando, tras ganar el Oscar, Tom Hanks agradece y recuerda que se el
VIH-SIDA es una enfermedad que puede afectarnos a todos y que el
prejuicio es uno de los peores males de nuestro tiempo.
Una de las escenas que más
me gustan del film es cuando Denzel Washington pregunta, acosa a uno
de sus propios testigos con la simplísima cuestión: Are
you gay? y de inmediato emite una perorata que tiene por objetivo
llamar la atención del jurado, del público presente, del espectador
sobre el verdadero trasfondo del asunto: no se trata de que el abogado
(Hanks) sea malo o que se haya convertido en mediocre, se trata de que
es un hombre homosexual.
El prejuicio es, acorde con
la Real Academia de la Lengua Española, en su acepción 2. “m.
Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo
que se conoce mal.” Este desconocimiento,
esta negación de una realidad, este llenar un vació que es el
desconocimiento, con el rechazo que llega hasta el odio, y que puede
degenerar en violencia.
Violencia que en el peor de
los casos desemboca en el asesinato, pero que, desgraciadamente,
adquiere el toque del chiste hiriente, del comentario mordaz, de la
burla y el escarnio, hasta aducir cualquier cantidad de pretextos con
el fin de evadir tratar de manera directa con la cuestión homosexual.
La homofobia es una aversión,
un miedo a lo desconocido, y sólo abordando directamente el
asunto puede éste ser expuesto y de ahí, si uno es afortunado, puede
desembocar en la tolerancia y, en el mejor de los casos, el respeto.
Año 2003, casi en los
albores del 2004 y mientras en algunos países civilizados del orbe
–léase Europa, Canadá, Australia, Ecuador, Sudáfrica y algunos
otros en vías de ser “civilizados” (incluyo aquí a Estados
Unidos)-, la gente comienza a percatarse de que las personas de la diversid@d
somos capaces de tener una familia y merecemos el derecho a ser
reconocidos ante la ley, la homofobia y la discriminación continúan
latentes en todos y cada uno de los rincones del orbe.
En grados diversos, esa
aversión hacia las personas homosexuales, transgénero y transexuales
se vive y ante todo se aborda de maneras diferentes. En la Europa
Occidental, existe la procuración de justicia. El cumplimiento de las
leyes que, en materia de Derechos Humanos, se encuentra a años luz de
países como Zimbabwe, China o los países musulmanes. México, en
cambio, cuenta con un corpus legal impresionante, una tradición en
cuanto a derecho de lo más avanzado... sin embargo, el cumplimiento
de estas leyes es un asunto difícil de re-conocer y de abordar.
¿Cuántas veces te han
gritado palabras “altisonantes” en la calle? Tal vez, luego de un
tiempo, tras el “perreo” –esta peculiar forma de auto-entrenamiento
y defensa- cotidiano, el hecho de que te griten en la calle, personas
totalmente desconocidas: “Puto,” “Maricón,” “Sabrosa,”
“Marota,” “Tortillera,” y todas las que nos sabemos y que se
aplican en toda la Iberia –peninsular y americana-, tal vez luego de
este tiempo en que conoces a la “contracultura,” vez como algo
“normal”, como un “alago,” como un “reto” el que te griten.
Se trata de seres humanos
como TU y como YO, como ell@s mism@s,
quienes atacan, sin conocer a quien atacan o tal vez, sin buscar conocerl@,
sólo por el temor –y el repudio- de su manifestación (real o
aparente) de un comportamiento DIVERS@.
Que si tienes más de 35 años y eres solter@ y jamás te han conocido
novi@... Que si SIEMPRE te llaman puros
hombres... (o puras mujeres)... que si CUÁNDO nos presentas al@ novi@...
O el típico de la abuelita o la tía más ácida: ¿Cuándo te vas a
casar, m’hijit@?
La discriminación es un
asunto que duele a quien lo está vivenciando. Las posibilidades son
dos: seguir adelante o enfrentar de manera directa el asunto.
Quien esto escribe aún no
sabe cuál de las dos actitudes tomará ante sus vecin@s...
Pues tomando como pretexto que trabajo (en la computadora) de noche y
que veo la televisión hasta que me voy a la cama, así como las
visitas de mis familiares y amig@s, se han
quejado del “escándalo” que organizo... Cuando en realidad, JAMAS
he tenido ninguna fiesta estilo Xochimilco –de quince días y
haciendo retumbar las paredes de al menos una cuadra a la redonda.
Espero sinceramente que el
incidente no pase a mayores, pero tampoco voy a permitir que es
coarten mis libertades de reunión, de esparcimiento, de asociación,
de expresión y, como dice el artículo 1° de la Constitución de los
Estados Unidos Mexicanos, de las “preferencias.” Yo no “preferí”
ser Gay, así lo soy y estoy muy orgulloso de ser un Ser Humano que
tiene amigos, parientes y conocidos. Una familia numerosa, como la de
cualquiera que tenga de raíces xochimilcas, y algunos de ellos, SI
son escandalosos... Aunque tal vez, no se trate, iluso de mí, de la
acepción 2 de la Academia citada: “Alboroto,
tumulto, ruido.” Sino de la 3 “Desenfreno,
desvergüenza, mal ejemplo.” Y pues si ser
abiertamente Gay es un desenfreno, es una desvergüenza y, sobre todo
un “mal ejemplo” para alguien... amig@ lector... te mantendré
enterado de lo que acontezca. Por lo pronto, Larsito insiste en que
debemos entablar un diálogo con los vecinos; Chip aún no sabe cómo
reaccionar, pues JAMAS hemos tenido un escándalo –de ruido-;
mientras que yo, comparto contigo, amig@ lector@ mis impresiones
primeras. Hoy es martes 25 de Noviembre de 2003 y quedo a ti, como
siempre, agradecido por leerme. Hasta siempre... © ENKIDU/Agustín
Villalpando.
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