NUNCA EN MARTES - La mano de Dios me
ha alcanzado
A Lars Ivar
Owesen Lein Borge -Buen Viaje- &
a César
Armenta Silva -constante presencia en esta vida mía-.
Desperté en
medio de la noche... El clima era más bien cálido pero los árboles
cercanos me cubrían como en un manto lleno de ternura y afecto. El
concierto de los grillitos fue la primera ola que me despertó. En
ese momento, la obscuridad me pareció profunda, sobre todo cuando
intenté abrir los ojos. En realidad sólo fue un instante. Mis
amigos me habían dejado aquí en esta cálida y tranquila región;
tan cerca del cielo y de la civilización. Al incorporarme pude
observar, allá abajo, unos cuantos automóviles que iban como luciérnagas
siguiendo un camino que yo, desde aquí, no podía visualizar. Aquí
sólo la luz de las estrellas estremecía mi mirada. Los sonidos del
silencio me parecieron eternos.
Este claro en el
bosque me pareció el lugar más acogedor de todos los que había
visto en mi existencia. Nunca antes me había sentido tan seguro de
que mi paso por este Tercer Planeta tenía un sentido. Me sentía en
total plenitud. Mi vida tenía una razón de ser. Digo, tal vez era
sólo el contemplar las bendiciones de este momento, hablar de
ellas, compartir con mis semejantes y decirles: Mira, ¡¡¡NO
PIERDAS TU TIEMPO, APROVECHA TU VIDA, CADA INSTANTE ES TUYO!!!
Todo era tan
placentero que seguramente mis amigos habían decidido caminar por
los alrededores. Regresarían más tarde con sus guitarras y sus fábulas
de lo acontecido, mientras que yo les hablaría sobre mis
descubrimientos de este momento. Yo, como siempre, participaría con
mi parte y les prepararía maravillosos sandwiches y hamburguesas
con papas a la francesa. Habíamos traído todo lo necesario y aún
un poco más.
Los grillitos
eran como el oleaje de este mar sereno y perenne que pervive en el
interior de nuestras almas. El silencio circundante me abrió el
apetito. Busqué a mi alrededor y saqué de mi bolsa una lata de atún.
Lo bueno es que sólo tuve que jalar una parte de su superficie y se
abrió de inmediato. Tenía verduras y me lo comí con una de las
cuchara que siempre cargo al salir de casa. Todo estaba en su lugar,
todo era memorable.
Escuchaba el
canto de la naturaleza de forma tan plena que apenas pude decidirme
a voltear a mi alrededor; ví de nuevo esa vereda de las luciérnagas-automóviles.
Al terminar mi ración y poner todo de regreso, en bolsas selladas,
en mi maleta, me recosté en el pasto. Un sopor estremeció mis células
y permití que mis pensamientos se alejaran y estuve conmigo mismo.
Mis ojos eran
apenas una ventana del Universo que me contemplaba y sonreía.
Escuche entonces, lo juro por quien más quiero, que escuché con
toda claridad un murmullo que fue aclarándose... algo así como:
"Siempre a mi lado. Dices lo que me tienes que decir; callas lo
que tienes que callar... apoyándome y dándome la espalda
cuando es necesario..."
¿Era mi propia
in-conciencia o tal vez el espíritu que tenemos por todos lados?
En esto me
encontraba cuando de pronto mi noche se tornó en silencio. De
inmediato me incorporé para saber si soñaba o no. Y sin embargo,
no soñaba, estaba despierto pero como en un sopor pude contemplar
todo con tal claridad que sólo la voz que te comparto me pudo
sostener ante mi propia sorpresa.
Fue cuando
verdaderamente pude escuchar la voz del Eterno: "Yo siempre
estoy a tu lado, porque donde tú estás, ese es mi hogar."
Desde
entonces, he dado las gracias por cada instante de mi travesia por
este planeta. Agradezco a Dios por lo que en el idioma inglés se
llama "Soulmate" que es más que una pareja, un compañero,
un ser mágico con quien comparto y deseo compartir esta existencia:
Larsito, te amo. Después y ante todo, por el hijo putativo -sic-
maravilloso, que sabe que cuenta conmigo y que en el momento que lo
decida aquí estoy, estamos. Luego por mis amigos, mis parientes de
sangre y de amor... Y ante todo, agradezco a Dios, por darme la
bendición de contar con tus ojos, pues tu entereza por leer esta líneas
permite que yo siga aqui, en este Tercer Planeta. Que la Mano de
Dios te alcance a tí también. Así sea. © Agustin
Villalpando/Enkidu.