Cuento para Despertar: El pollito de Doña Zoila.
Para César Armenta y Lars Ivar Owesen-Lein Borge.
Por ser parte concomitante de mi ser.
Ojalá regreses pronto. Déjame te cuento lo que nos pasó el otro día
que iba al cine con el bebé. Nos encontramos al pollito y Doña Zoila.
Nuestra vecina es un tanto excéntrica, pero muy buena persona. Se
trata de una de esas ancianitas con cabello blanco, siempre bien
peinada, que sale a la calle vestida de domingo y a su lado lleva un
pollito. Siempre te saluda y algunas veces, cuando le ayudas a llevar
algo te dice "¡Que Dios le bendiga jóven!" mientras que a
Chip le ofrece dulces, que él toma con agrado pero luego me da porque
no le apetecen mucho los azúcares.
Doña Zoila lleva al pollito en una canasta; a veces en un cesto;
otras lo ha tratado de llevar caminando en la calle con un hilo
transparente, como hilo dental, que es fuerte pero muy flexible. Sin
embargo, cuando el pollito anda en la calle, los otros animales le
quieren hacer daño. Los perros le ladran y alguno que otro gato han
intentado tomarlo como su desayuno, lo bueno es que Doña Zoila
SIEMPRE prefiere tenerlo cerquita de sí.
Ese día, sábado, íba con el bebé charlando y él me hacía tantas
y tantas preguntas. Ya sabes que está en la edad de imitar TODO a su
alrededor, que si preguntas mucho pues aprende a preguntar, si callas
mucho aprende a reflexionar, que si miras con insistencia, observa lo
que ocurre... incluso con más percepción que un adulto. Los bebés
de hoy ya no son como los de antes... por eso es que me gusta llevarlo
a comer, a caminar, al parque y al cine, porque ahí puede hacer lo
que desee, observar, reir, preguntar y todo lo demás.
Como su papá está fuera de la ciudad lo llevé a la segunda función.
Primero fuimos a comer una hamburguesa y caminamos un rato. Sin saber
lo que haríamos llegamos al cine. En un instante, con su manita me señalaba
algo... Había mucha gente y yo quería ver las películas que se
exhibían ese día. Estaba entre una de Disney y una de Pixar...
Decisiones, decisiones...
"¡Mira papá! ¡Mira!"-dijo entusiasmado. Pero yo, a decir
verdad, llevaba el tiempo en la mente y la duración de las películas...
Cuando de plano estaba más emocionado por su visión se detuvo de un
tirón y me jaló la mano. "¡Mira, papá! ¡El pollito de Doña
Zoila!" Y en efecto. la ancianita iba a paso rápidito -es decir
corto pero a prisa- para la salida...
"¡Pollito! ¡Pollito!," dijo en tono animado mi Chip, pero
nada parecía contener el paso de Doña Zoila. Al detenerme de manera
tan exabrupta y fuera de lugar, sólo atiné a voltear hacia donde él
y ver cómo la viejita estaba a punto de pasarnos. Chip está en la
edad de que nada le es imposible. Soltó mi mano y le gritó al
pollito. Doña Zoila se detuvo un tanto extrañada, un tanto curiosa y
volteó a todos lados... Miraba con sus ojitos como escarbando en la
arena de la playa... entre tanto, Chip estaba junto a ella y saludaba
al pollito que ahora iba en el regazo, bajo la protección y el amparo
de Doña Zoila.
Ella vio a Chip y sonrió casi tanto como el sol del ocaso... Susurró
unas palabras al pollito y entonces lo acercó para que Chip lo
saludara. Mi bebé tocó sus plumitas amarillas, dijo algunas frases y
entonces fue cuando pensé que debía acercarme. Así lo intenté,
pero la mirada de Doña Zoila, de alguna forma dulce y amable para con
Chip, cuando posó sus ojos con los míos, cambió al modo más
hirsuto que he visto hasta el momento, como reclamándome el porqué
dejaba a mi bebé tan solo en un lugar semejante.
Atiné a sonreir y cuando estaba a punto de saludarla, apenas tocó mi
mano cuando tomó al pollito, acarició la cabeza de Chip y salió a
pasos cortititos y más rápido que antes. Alcanzó a decir -casi
subiendo la voz- hacia mí: "¡La película es buena, le va a
gustar mucho a Chip. Saludeme a su marido... tengo que irme porque
tenemos que ir a cenar. Buenas Tardes!"
Chip le decía adiós con su manita y con la otra tomó la mía. Sonreía
mientras alcanzamos a ver cómo el pollito azomaba su cabecita y se
despedía... Es malo esto de tener niños al lado... la imaginación
se excita de tal modo que podría jurar que guiñó el ojo derecho a
Chip mientras Doña Zoila lo sacaba, sano y salvo, del cine
congestionado. Y en fecto, la película fue buena... ojalá regeses
pronto.
© Agustín Villalpando/Enkidu. 1° de Marzo, 2004.