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16
Julio 2002
Este martes tuve que salir porque un amigo de Lars Ivar viene a México
desde Houston, Texas, y si bien en el país del norte la tecnología aseguran
ayuda a mejorar la vida por medio de información y reservación de boletos vía
Internet, en México parece que esta teconología sólo sirve para recabar
buenos deseos e información a medias. Si quieres viajar a México, por autobús,
desde Houston, existen los camiones Greyhound que te llevan a Nuevo Laredo o a
Monterrey. Esta información te la pueden dar por vía telefónica supongo yo
que contestando en Estados Unidos-, porque luego te dan otro número 01-800 para
que te informen sobre los precios y horarios desde Nuevo Laredo hasta Ciudad de
México. La travesía apenas empieza y la emoción irá creciendo porque el
recorrido tarda aproximadamente 23 horas, con escala en Nuevo Laredo o en
Monterrey.
Es una decisión interesante, y el amigo en cuestión deberá considerarse
preponderantes. Así de intenso debe ser el debate al interior de la Comunidad
GLBT respecto a si sirve o no sacar del clóset a alguna “personalidad”. De
repente el derecho a la privacidad parece que debe imperar sobre el derecho al
beneficio de la sociedad. Sin embargo, gracias a esa privacidad en México no
tenemos VIH y mucho menos SIDA. Me explico: en cualquier país civilizado,
existen personalidades del mundo de la política, la intelectualidad y hasta los
deportes que dicen abiertamente tener VIH y hasta SIDA gracias al coctel de
inhibidores ya son menos los que tienen SIDA-, y es su voz, su presencia, la
popularidad de que gozan, lo que les hace “creíbles” a la población en
general. Pero en México para obtener información fidedigna sobre prácticamente
cualquier asunto, es menester ir personalmente a la fuente primaria y
entrevistarse en la Central Camionera del Norte con cuantas personas sean
necesarias para obtener información más o menos confiable.
Así mismo, cuando una personalidad asegura que es Gay, la población en
general tiende a escuchar de forma más abierta las palabras de esta
personalidad en cuestión, porque, de una forma u otra, esta personalidad ya es
reconocida como alguien cotidiano, tal vez incluso cercano. Si estas
personalidades permanecen calladas, aduciendo que esta información es
“privada”, el resultado es que los “sin voz”, es decir, el común de los
mortales, permanecemos en una posición reducida, gritando sin micrófonos ni cámaras
y mucho menos teniendo la posibilidad de entrar en los hogares de la maravillosa
“familia mexicana”. Ciertamente el presidente Fox está diciendo todo lo
necesario para ser una país de “primer nivel”, aunque le falta mucho por
recordar que en política exterior éramos, fuimos, independientes del vecino
del norte. Ahora con curul en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ese
derecho a quedarse callado y mantener en el clóset la voz propia y con ello la
voz de los demás, llevó a votar a quienes dicen representar a México en
contra de la Corte Penal Internacional. Pero bueno, como unos asuntos no
pertenecen a otros, tal vez el amigo de Lars Ivar, empiece a disfrutar de una
bienvenida maravillosa al mejor estilo Mexicano: con todos los retrasos y las
explicaciones de lo absurdo, e inicie ya su curso intensivo de los mexicanísimos
“ahorita”, “mañana” y “lo que pasa es...” entre otras maravillas
que nos alejan de ser un pueblo con voz propia y bueno, tal vez sigamos teniéndola
privada. © ENKIDU/AVS
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Julio 2002
Este martes tuve que salir porque un amigo de Lars Ivar viene a México
desde Houston, Texas, y si bien en el país del norte la tecnología aseguran
ayuda a mejorar la vida por medio de información y reservación de boletos vía
Internet, en México parece que esta teconología sólo sirve para recabar
buenos deseos e información a medias. Si quieres viajar a México, por autobús,
desde Houston, existen los camiones Greyhound que te llevan a Nuevo Laredo o a
Monterrey. Esta información te la pueden dar por vía telefónica supongo yo
que contestando en Estados Unidos-, porque luego te dan otro número 01-800 para
que te informen sobre los precios y horarios desde Nuevo Laredo hasta Ciudad de
México. La travesía apenas empieza y la emoción irá creciendo porque el
recorrido tarda aproximadamente 23 horas, con escala en Nuevo Laredo o en
Monterrey.
Es una decisión interesante, y el amigo en cuestión deberá considerarse
preponderantes. Así de intenso debe ser el debate al interior de la Comunidad
GLBT respecto a si sirve o no sacar del clóset a alguna “personalidad”. De
repente el derecho a la privacidad parece que debe imperar sobre el derecho al
beneficio de la sociedad. Sin embargo, gracias a esa privacidad en México no
tenemos VIH y mucho menos SIDA. Me explico: en cualquier país civilizado,
existen personalidades del mundo de la política, la intelectualidad y hasta los
deportes que dicen abiertamente tener VIH y hasta SIDA gracias al coctel de
inhibidores ya son menos los que tienen SIDA-, y es su voz, su presencia, la
popularidad de que gozan, lo que les hace “creíbles” a la población en
general. Pero en México para obtener información fidedigna sobre prácticamente
cualquier asunto, es menester ir personalmente a la fuente primaria y
entrevistarse en la Central Camionera del Norte con cuantas personas sean
necesarias para obtener información más o menos confiable.
Así mismo, cuando una personalidad asegura que es Gay, la población en
general tiende a escuchar de forma más abierta las palabras de esta
personalidad en cuestión, porque, de una forma u otra, esta personalidad ya es
reconocida como alguien cotidiano, tal vez incluso cercano. Si estas
personalidades permanecen calladas, aduciendo que esta información es
“privada”, el resultado es que los “sin voz”, es decir, el común de los
mortales, permanecemos en una posición reducida, gritando sin micrófonos ni cámaras
y mucho menos teniendo la posibilidad de entrar en los hogares de la maravillosa
“familia mexicana”. Ciertamente el presidente Fox está diciendo todo lo
necesario para ser una país de “primer nivel”, aunque le falta mucho por
recordar que en política exterior éramos, fuimos, independientes del vecino
del norte. Ahora con curul en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ese
derecho a quedarse callado y mantener en el clóset la voz propia y con ello la
voz de los demás, llevó a votar a quienes dicen representar a México en
contra de la Corte Penal Internacional. Pero bueno, como unos asuntos no
pertenecen a otros, tal vez el amigo de Lars Ivar, empiece a disfrutar de una
bienvenida maravillosa al mejor estilo Mexicano: con todos los retrasos y las
explicaciones de lo absurdo, e inicie ya su curso intensivo de los mexicanísimos
“ahorita”, “mañana” y “lo que pasa es...” entre otras maravillas
que nos alejan de ser un pueblo con voz propia y bueno, tal vez sigamos teniéndola
privada. © ENKIDU/AVS
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