9
de Julio 2002
Era el fin de semana, apenas
a unos días para que mi pareja regresara a tierras germanas. Lars Ivar Borge y
quien esto escribe decidimos asistir a la puesta en escena de “UN DEPARTAMENTO
DE AMBIENTE”. Habíamos sido invitados por sus actores, quienes participaron
en uno de “Los Martes de El Taller”, ya sabes, las charlas que martes con
martes, desde hace XV años se llevan a cabo en la discoteca El Taller de la
Ciudad de México. Para evitar contratiempos llegamos una hora antes: 19:30. El
FORO LUCES DE BOHEMIA (Orizaba 193, Col. Roma) cuenta con una cafetería muy
agradable y por eso nos tomamos una Coca de Dieta en botella para esperar el
momento. Un foro de tamaño regular y una escenografía sobria, mas no pobre,
enmarcaron una trama interesante. Una relación donde el dominado es quien, si
se decide, puede efectivamente establecer una relación de pareja. Los temores
al qué dirán y la super-complacencia de la pareja en turno (un chichifo) hacen
de esta situación una vivencia que puede ocurrir en cualquier parte del orbe.
Es un albañil, un “maestro” como le llamamos en México-, quien ha visto cómo el arquitecto se deja ningunear por un don-nadie quien, de hecho, es una especie de prostituto que lo único que busca es tener un departamento. El albañil es testigo de esas escenas de exigencia y de celos, así como de la falta de reciprocidad en la relación y por ello expresa sus ideas, comparte su taco, el almuerzo de cada día, con el arquitecto... algunos secretos saldrán a flote como el que todo el mundo sabe que el arquitecto es homosexual pero nadie lo ha hecho público. Más de dos cosas unirán al buen albañil con el arquitecto, que finalmente decide cambiar... La historia segunda ocurre en el mismo departamento y con el mismo chichifo que termina fuera del mismo: se trata del fin (¿o el reencuentro?) de una relación de varios años en donde un actor en mala racha y un escritor de guiones exitoso enfrentan sus dudas y finalmente concluyen que la falta de comunicación fue su peor error; por eso terminaron. En este sentido, vale subrayar que aunque el diálogo se centra en que ninguno se atrevió a expresar sus fantasías y deseos sexuales, la no-comunicación puede servir de ejemplo a multitud de parejas en cuanto a la forma de desarrollar su relación. Fue muy intensa esta parte de la obra, pues con la llegada de Lars Ivar a mi existencia, me he visto inmerso en una serie de cuestionamientos sobre mi concepto de pareja y una de las cosas más relevantes y satisfactorias en nuestra relación es el grado de confianza, respeto y ante todo de comunicación directa que existe entre ambos. Lo que siempre hemos tenido es efectivamente una visión común de la importancia del diálogo para lograr una relación humana exitosa; tenemos como norma decir las cosas en su momento y no quedarse callado cuando algo molesta, inquieta o preocupa, pues esto afectará sin lugar a dudas a que la relación deje de ser “pareja”. Por eso el intermedio sirvió para fumar un cigarro, tomar un respiro, comentar y regresar a una mezcla de elementos y de ejemplos de vida gay. Del empresario exitoso, al gay amaneradísimo, del chichifo que siendo el mismo, en el mismo departamento, verá frustrada su esperanza por tener, alcanzar, apropiarse de ese departamento. Un departamento y un chichifo que atestiguan esa necesidad-necedad de algunos de nosotros por tener una pareja. Buenas actuaciones de Jorge Gavira, Ulises Iturbe, Andrés Tamés, Rodolfo Cerdán y Jesús López, bajo la dirección de Jorge Acosta (con un texto de él mismo) es un ejemplo de cómo las relaciones humanas sobrepasan la orientación sexual de las parejas. El único comentario de reserva que tengo es el subtítulo de la obra “Una excelente comedia gay que hasta los bugas disfrutarán”-dice el programa de mano-, pues en principio se trata de una historia que independientemente de que sus personajes sean homosexuales- que debería adjetivarse como “humana”, no sólo “gay”, y con ello incluir a gran parte de la diversidad del ser humano. © ENKIDU/AVS |
|