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Los
peligros de la posible privatización de Petróleos Mexicanos
Por © Maximiliano Sbarbi
Osuna/Enkidu Argentina
BUENOS AIRES, 23/04/08 (Maximiliano Sbarbi Osuna/Enkidu Magazine): No es
casual que el actual presidente de México, Felipe Calderón, delfín de su
predecesor, Vicente Fox, haya sido secretario de Energía del gobierno
anterior. El intento de privatizar el 70 % de la empresa petrolera
estatal Pemex, que fue y es el orgullo del nacionalismo mexicano, ha
provocado una grave crisis institucional y una verdadera guerra dentro
del Parlamento y entre partidos políticos, que no registraba
antecedentes desde julio de 2006 cuando Calderón ganó las elecciones por
estrecho margen a su rival de centro izquierda Andrés Manuel López
Obrador, quien denunció fraude y se autodesignó presidente legítimo.
Un informe elaborado por el gobierno de México detalla que en los
próximos 13 años, la empresa estatal tendrá un déficit de 500 mil
barriles de petróleo diarios, lo que equivale a 14 mil millones de
dólares anuales menos, si no se abre a la participación de empresas
privadas con tecnología y capacidad suficiente como para explotar
yacimientos en alta mar, que suponen un costo de extracción mucho mayor.
Por eso, el gobierno de Calderón envió al Congreso un proyecto de ley
con el que se estaría permitiendo el ingreso de capital privado nacional
y extranjero dentro de Pemex, lo que pone en peligro una enorme fuente
de ingresos para el sector público.
Argumentos a favor y en contra
Los puntos álgidos entre defensores y detractores de la privatización
están centrados en que la prioridad y la mayor parte de las ganancias de
las explotaciones de los nuevos pozos serían asignadas para los nuevos
socios privados, y aunque aun falte explorar el 75 % del territorio
mexicano, este trabajo quedaría establecido al sector privado. La media
internacional indica que un tercio de las zonas exploradas se convierten
en lugares aptos para extraer el crudo, por eso las empresas inversoras
no dudan en aceptar esta sociedad o privatización encubierta, ya que
cuentan con la certeza de estar primeras en la obtención de ganancias
por los nuevos pozos descubiertos.
Otro punto discordante es que se va a conceder al sector privado la
refinación y la red de transportes, que conforma uno de los segmentos de
mayor valor agregado de la industria petrolera.
Además, para que esta medida no viole la Constitución, el Poder
Legislativo debe modificar un artículo que legalice el ingreso del
capital privado dentro del sector energético.
Este puede ser un primer paso en la privatización de los hidrocarburos
mexicanos, y como ocurrió durante la década del 90 en Argentina, podría
haber una segunda fase de privatización total.
Las excusas de la prensa adicta suenan conocidas en nuestro país: “Pemex
es un monopolio estatal que permite llenar los bolsillos de funcionarios
corruptos de la secretaría de Energía” y “El Estado no está en
condiciones de realizar inversiones de capital de riesgo en exploración
hidrocarburífera”.
Propuesta brasileña
Estas verdades a medias merecen como última solución la privatización y
menos aun de sectores que deben continuar en manos estatales, por ello
sería viable analizar la propuesta del presidente brasileño Lula da
Silva de asociar a Pemex con Petrobras, de esta manera el ingreso de
tecnología permitiría al Estado Mexicano continuar obteniendo los
beneficios que sostienen a los sectores más débiles de la sociedad y
limitaría la tarea del capital privado, conformado por algunos sectores
de Petrobras, a aportar lo que carece la empresa estatal mexicana.
Estatización y orgullo nacional
Pemex nació en 1938, luego de que el presidente Lázaro Cárdenas
expulsará e indemnizará a las compañías extranjeras de los campos y de
la actividad petrolera en suelo mexicano. El conflicto había estallado
un año antes cuando una huelga de trabajadores, que demandaban mejores
condiciones laborales, paralizó la actividad petrolera privada y por
ende gran parte de la actividad económica del país. Entonces, un
tribunal federal falló a favor de los trabajadores, veredicto que no
reconocieron las empresas extranjeras, lo que provocó su
nacionalización.
Conclusión
Desde su creación Pemex no sólo ha sido un símbolo del poder del Estado
Mexicano, sino que en la actualidad aporta una gran cantidad de divisas
mediante exportaciones, sobre todo a Estados Unidos. Con el 68 % de las
ganancias que produce se financia gran parte del presupuesto en
educación, salud y creación de empleos.
Las posibles consecuencias de la privatización de Pemex las podemos
observar en lo que hoy se ha convertido YPF: aumento de los precios del
combustible para los consumidores internos, falta de inversiones,
limitación de la explotación a pozos seguros, ausencia de nuevas
exploraciones, despidos masivos de trabajadores, nulo cuidado del medio
ambiente y la falta de control estatal en la cantidad de exportación de
gas y petróleo.
El mercado internacional, sobre todo el estadounidense, requiere del
sostenimiento de la extracción de los hidrocarburos mexicanos, por ello,
para evitar una depresión en la producción, exige la privatización, que
es el camino más fácil para los compradores externos, pero el más
costoso para la sociedad mexicana.
Maximiliano Sbarbi Osuna
www.pmundial.com.ar
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