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Dos Mujeres

© Eduardo Nabal/Enkidu
Es de noche y estoy sentada frente a
una foto enmarcada. Es la foto de una mujer enferma. Mi madre. Se fue
ya. Ahora ya no está ella pero te espero a ti. Se que no llegarás hasta
el amanecer pero aún así siempre espero que, por alguna razón
misteriosa, te adelantes, rompas las manecillas del reloj atravieses la
puerta y llenes el hueco de frío que hay ahora en mi cama.

© Rolf Groven (Oslo): "To kvinner" (Dos mujeres)
Es por el día, las ventanas están
abiertas, y ahora estás aquí, junto a mí, pero duermes profundamente.
Has trabajado demasiado. ¿Habrá otras mujeres? Que más da. Ya
compartimos a aquella rubia estupenda que luego iba de barbie ejecutiva
por la vida. Y cenamos con aquel grupo de fundamentalistas que nos
decían que teníamos que casarnos para dar sentido a ser lesbianas.
¿Casarnos? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Con quién? Nos queremos. No necesitamos
anillos de boda, nos costó mucho tiempo desembarazarnos de ellos.
Vuelvo a mirar a la foto. Esa mujer
enferma ahora casi sonríe. Es mi madre y nunca llegó a conocerte más que
por teléfono. Sospechas, mensajes en el móvil, susurros, malas caras,
miedo a que nos viera juntas en el portal. Y una visita al psicólogo
para explicar algo que tu y yo ya abríamos de sobra. Nos habían mentido
sobre el amor, el sexo, la vida, el cuerpo y nos costaba creer que
ahora esa libertad fuera nuestra. Que ese espacio prohibido, que ese
territorio vedado nos pertenecía ¿A nosotras?
Ahora es de día y parece que, de un
momento a otro, vas a abrir los ojos. Pero no los abres. Tal vez finges
dormir porque has trabajado demasiado y temes que me acerque a ti y que
descubra algún olor extraño, algún hedor incómodo en ese cuerpo que
conozco tan bien. Nada de ti me asusta. Solo tu ausencia, a ratos y ni
siquiera del todo. Mi madre ya no nos vigila desde ese marco porque
nos ha visto follar en las posturas más increíbles, nos ha visto
afeitarnos el pubis, hablar de nuestras experiencias adolescentes con
los hombres, hablar de las famosas en el armario, de las políticas
derechonas que son lesbianas y no lo dicen. Pero su expresión no ha
cambiado mucho. Una sonrisa que no llega a serlo del todo. Tal vez si
viviera no te aprobara. O tal vez sí.
Abres los ojos. Estas cansada y no te
despiertas del todo. Te quiero, no vamos a casarnos. Pero hoy es fiesta.
Ni siquiera ha abierto el kioskero refunfuñón, el viejo tacaño de la
esquina. . Desayunaremos juntas y luego daremos un paseo tranquilo por
los alrededores, puede que llegamos hasta la marabunta del mercadillo y
yo te bese, desafiando a la multitud. Pero no te regalaré un anillo.
Algo me dice, que esa mujer vieja que nos observa con media sonrisa me
hubiera aplaudido por ello. Por no atarme a un anillo, por no comprarte
una sortija. Aunque no haya llegado a conocerte. Aunque no sepa como
hubiera reaccionado. Abres los ojos y ahora sí sonríes. Una sonrisa
completa.
Burgos, 9 de febrero de 2008
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