Ingmar Bergman: una mirada emocionada al sentido de la
vida

Director de cine sueco
Ingmar Bergman fotografiado el 2 de junio de 2003. Foto:Jonas
Ekstromer/AFP
ESTOCOLMO, 30/07/2007 (AFP) - Parejas destrozadas, el eterno cara a
cara entre el hombre y la muerte, la ausencia de Dios pero también la
magia de la vida: el director sueco Ingmar Bergman creó películas de
gran riqueza emocional en las que sacó a la luz la tragedia de la
condición humana.
Nacido el 14 de julio de 1918 en Uppsala, al norte de Estocolmo, Ernst
Ingmar Bergman fue el segundo de los tres hijos de un pastor protestante
puritano y recibió una educación estricta y austera de la que el
cineasta intentó librarse durante toda su vida.
Su infancia, que describió como "dolorosa y complicada", lo
marcó profundamente y dejó huella en toda su obra, que gira alrededor de
los momentos de crisis, resueltas o no.
Su carrera empezó en el teatro --que fue durante toda su vida una de
sus grandes pasiones junto con el cine--, a principios de los años
Cuarenta, con una puesta en escena en la Opera de Estocolmo.
Durante toda su vida escribió piezas teatrales, novelas y guiones. En
1960 fue contratado como director del prestigioso Dramaten, el teatro real
de arte dramático.
En 1945, decidió que el único medio moderno para expresarse era el
cine. Ese año rodó "Crisis", una adaptación de una obra
popular danesa que, sin embargo, fue un fracaso.
"Hacer películas es para mí un instinto, una necesidad como
comer, beber o amar", declaró en una ocasión.
El cine se convirtió para Bergman en una religión. Entró en contacto
con Maurice Stiller, el protector de Greta Garbo, y Victor Sjostrom, un
director de cine mudo que convirtió en intérprete de "Alegría"
("Hacia la felicidad" en Argentina"), de 1949, y luego de
una de sus obras maestras, "Fresas salvajes" ("Cuando huye
el día", en Argentina), de 1957.
En 1955, Bergman conoce su primer éxito internacional con "Sonrisas
de una noche de verano", una comedia que fue presentada al año
siguiente en el Festival de Cannes y que sirvió de modelo a la
"nouvelle vague" francés.
El cineasta sueco empezó a explorar los temas que formarán la esencia
de su obra: la angustia del hombre frente a la muerte, el amor, la soledad
y la "infinita tristeza de un mundo sin Dios".
Sus películas se caracterizan por la concesión de una gran
importancia a los planos de los rostros y un cuidado esmerado de la luz
por parte de su operador de siempre, Sven Nyqvist, que falleció en 2006.
Su cine fue muy a menudo trágico. "El séptimo sello"
(1957), premio especial del jurado en Cannes, y sobre todo "Gritos y
susurros" (1971), son algunas de sus mejores expresiones.
Sin embargo, ante la gravedad de su temática, el gran público sueco
se ha sentido a menudo lejos de los filmes de Bergman y lo ha acusado de
ser responsable, en parte, de la reputación de Suecia como un país de
neuróticos.
Bergman se interrogó también apasionadamente por la figura de la
mujer, como dan cuenta algunas de sus obras como "Juegos de verano"
(1950) ("Juventud, divino tesoro" en Argentina), "Un verano
con Mónica" (1952), "Secretos de mujeres" (1952) y "Una
lección de amor" (1954).
Director de mujeres, dio sus mejores papeles a actrices como Maj Britt
Nilsson, Harriett Andersson, Eva Dahlbeck, Ulla Jacobsson y Liv Ullmann.
Con algunas de esas actrices vivió romances amorosos; se casó cinco
veces y tuvo nueve hijos.
En 1982, tras varios años en Alemania, donde se instaló a raíz de
unos problemas con el fisco sueco, Bergman rodó "Fanny y Alexandre",
un testamento sobre su infancia y su pasión por el mundo del espectáculo
que se vió coronado por cuatro Oscar.
Tras esa película aseguró haber puesto punto final a su carrera
cinematográfica. Sin embargo, veinte años después retomó la cámara y
rodó en 2003 para la televisión sueca "Saraband", una negra
visión de la vejez que posteriormente se difundió también en las
grandes pantallas.
Más grande que su amor por el cine fue su pasión por el teatro.
"Puedo existir sin hacer películas pero no puedo vivir sin hacer
teatro", afirmó.
Así, en 2002 puso en escena "Espectros" del dramaturgo
noruego Henrik Ibsen pero en 2004, a los 86 años, dio su adiós
definitivo a los escenarios.
Tras la muerte de su última esposa, Ingrid von Rosen, en 1995, vivía
solo durante una gran parte del año en la isla de Faaro, en el mar
Báltico, donde también rodó varias de sus películas.
En 2000 concedió una entrevista a la televisión sueca en la que
calificó su vida de "infierno insoportable" y dio a entender no
tener miedo a la muerte.
"El hecho mismo de vivir es penoso. Jamás me encontraré con
Ingrid", dijo.
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