| Ellen DeGeneres, maestra de ceremonias y maestra en
romper moldes
LOS ANGELES, 22/02/2007 (EFE): Siempre en la cresta de la ola, ya sea
por ser nombrada la persona más divertida de EEUU o bajo el calificativo
de 'degenerada', Ellen DeGeneres llega como maestra de ceremonias a la
septuagésimo novena edición de los Oscar dispuesta, una vez más, a
romper moldes.
Las expectativas son muchas ante el juego que puede dar con su incisivo
humor el domingo esta comediante, actriz, presentadora y escritora nacida
en 1958, que se define como 'lesbiana, Acuario y vegetariana'.
'Ellen DeGeneres nació para presentar los premios de la Academia',
sentenció la productora de la gala, Laura Ziskin, al anunciar la
designación el pasado septiembre.
'Hace falta alguien que pueda mantener la energía, la frescura y el
dinamismo del acto y que a la vez sea, sin lugar a dudas, un gran artista.
Ellen cumple con todos estos requisitos', remachó.
Ganadora de quince premios Emmy con su programa 'The Ellen DeGeneres
Show', la actriz cuenta con un currículo como presentadora que incluye en
2001 los Emmy y en 1996 y 1997 los Grammy.
'Sencillamente, es deslumbrante', la ha definido Sid Ganis, presidente
de la Academia de Hollywood.
Los monólogos humorísticos fueron la primera incursión de DeGeneres
en el espectáculo, actividad que a comienzos de los 80 le valió ser
proclamada 'persona más divertida de EEUU' en una competición impulsada
por el canal Showtime.
Su eclosión llegó en 1994 como protagonista de la serie de la cadena
ABC 'These Friends of Mine', luego rebautizada como 'Ellen'.
El programa hizo historia en la televisión en 1997, cuando su
personaje se proclamó lesbiana en un capítulo y la actriz agregó que
que ella también lo era.
Esa doble 'salida del armario' en un programa de gran audiencia hizo
que miles de homosexuales se congregaran para festejarla y el capítulo se
viera en un 58 por ciento de los 97 millones de hogares del país, pero
también le valió a DeGeneres furibundos ataques de quienes llegaron a
motejarla como 'Ellen Degenerada'.
'Hay dos cosas que siempre quise hacer en mi vida. Una es presentar los
Oscar. La otra era recibir una llamada de Laura Ziskin. Pueden imaginarse
lo que escribí en mi diario ese día', confesó la artista tras
anunciarse su designación para la ceremonia.
Más difícil de prever es lo que escribirá en su diario el próximo
lunes, pues su tarea de la noche anterior es harto compleja y la
controversia que rodea a su figura no contribuye a facilitarla.
En palabras de la propia Ziskin, 'no existe un desafío mayor para un
presentador dentro del mundo del espectáculo', por el reto de hacer
gratas las más de tres horas que dura la velada.
Algo complejo, de lo que dejaron constancia en las dos últimas
ediciones Jon Stewart y Chris Rock, que no lograron borrar la impronta de
Billy Crystal, antecesor suyo en ocho ocasiones, o Whoopi Goldberg, en
cuatro.
Tanto a Crystal como a Goldberg, mascarones de proa del Oscar desde
comienzos de los 90, les venía como un guante el perfil requerido para el
oficio: agilidad mental, simpatía y desparpajo.
Un puesto a la medida también de Chevy Chase, Sammy Davis Jr., Richard
Pryor o Steve Martin, que lo asumieron en dos ocasiones; Jerry Lewis, tres;
Jack Lemmon, cuatro, o Johnny Carson, cinco.
Pero el plusmarquista absoluto que más veces ha unido su nombre a la
gala desde la inaugural de 1929 es Bob Hope, cuyas diecisiete galas entre
los años 40 y 70 se vislumbran como récord imbatible.
Hope llegó a tal cifra bien sólo sobre el escenario -como es
tradición desde hace veinte años- o en compañía de otros, fórmula
utilizada en varias ediciones.
El clímax en esa modalidad de múltiples maestros de ceremonias llegó
en 1958, cuando Hope compartió escena con James Stewart, David Niven,
Jack Lemmon, Rosalind Russell y el mismísimo Pato Donald.
Por contra, en otras seis ocasiones la Academia se ha decantado por
prescindir de todo conductor, la última de ellas en 1989.
Ahora llega el momento de saber si DeGeneres, segunda mujer que
pilotará en solitario la gala más famosa del mundo, dejará huella a su
paso por el escenario del teatro Kodak de Hollywood.
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