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Coming
Out Familiar
Masculinidades
en Los Martes de Enkidu el 16 de octubre de 2007
Jorge Yáñez
abrió la sesión ofreciendo una disculpa por la ausencia de Manuel
Amador quien por motivos de trabajo se encontraba fuera de la ciudad,
posteriormente anunció el tema enfocado al impacto que este proceso
personal de salida del clóset tiene a nivel familiar.
Hilándolo
con el anterior tema referido a los espacios homosociales, la pregunta
es ¿por qué tendrían que haber espacios homosociales para realidades
específicas, como las de hombres no heterosexuales? Y en ese sentido
también considerando que asumirse heterosexual no implica un proceso de
redefinición identitaria, no así el asumir las otras identidades, sean
homosexualidades, bisexualidades o transgeneridades masculinas.
Creemos
que la historia de vida en estos casos se vuelve algo definitivo en la búsqueda
de las afinidades a nivel de espacios físicos, es decir con todas
etapas por las que transitan los jóvenes varones y que les implica
buscar puntos de arribo medianamente seguros y la conformación de redes
de solidaridad.
Nos
parece de entrada, que conlleva la percepción de una ruptura con los
valores de la masculinidad tradicional, que es entendida como una
afrenta hacia la familia y
hacia la educación de casa, esto fundamentado en testimonios de
progenitores de hijos con estas orientaciones sexuales diferentes a la
heterosexual; comentan padres de cómo lo han vivido desde la familia,
que se trató de un renegar del esquema de enseñanzas dado por los
hombres, esto es, del esquema patrilineal, no se cumplen las
expectativas que se tienen, o sea la paternidad, la heterosexualidad, la
idea de virilidad y las
obligaciones familiares en términos generales.
Pero
también existe una idea de daño y de división dentro de la familia,
como ir con el ánimo de fastidiar por parte de los hijos, dicen los
padres, y por otro lado porque una parte de la familia apoyará o mediará
y la otra parte que estará totalmente en contra de esta decisión del
hijo, de asumirse como no heterosexual.
Se
presenta una disyuntiva dentro del imaginario heterosexual, nos hablan
de que hay un antes y un después; una parte de carácter culpígeno
hacia la figura de la progenitora, desde la visión machista del padre
“esto sucedió porque lo mal educaste, porque lo echaste a perder”,
es decir la lectura es disímil para el padre, quien lo asimila como una
traición de parte de su hijo, porque se está en contra de lo que se le
enseñó que tenía que ser un hombre, y para la madre es visto como un
fracaso, de haber fallado en la educación del hijo y de definirlo hacia
la identidad del padre o hacia los demás hermanos presuntamente
heterosexuales.
Salvador
Zavaleta continuó con lo que definió como desclosetar a la familia, y
el cambio que ocurre con las relaciones afectivas hacia sus familiares;
¿por qué proponerlo como tema de estudio? Y es que cuando el hombre
que sale del clóset y rompe con estas expectativas mencionadas, y también
no sólo hacia los progenitores sino percibido por los hermanos, cuñados,
primos, sobrinos, etc.; hay testimonios que dicen “cuando mi hermano
salió del clóset no me importó tanto el que le gustaran los hombres,
sino el que fuera afeminado, que no tuviera hijos y que no se iba a
casar” “que iba a ser rechazado por la sociedad y que iba a fracasar”
porque el declararse con una identidad sexual disidente en México está
relacionado con los grupos vulnerabilizados y asociado con las conductas
delictivas como la prostitución, la drogadicción o la delincuencia,
desde la óptica de los familiares.
Normalmente
en México el hijo es visto como el sucesor de la autoridad familiar y
con esta salida del clóset todo ello se derrumba, también que ya no va
a cumplir como el proveedor económico, el hijo exitoso, sobre todo
cuando se es el primogénito las expectativas están mucho más cargadas
sobre él; que no va a integrase a la familia, que no va a compartirse
mutuamente nada y el hijo va a quedar excluído.
Se
reconstruyen las bases del orden patriarcal a partir de un varón,
finalmente en una célula fundante de éste sistema hegemónico.
Yánez
coincidió en que no se cumplen estos requisitos de noviazgo, matrimonio,
reproducción y formación de casa chica, como práctica de adulterio
común en el esquema heterosexista. La parte de la reproducción es muy
contundente porque de acuerdo al esquema machista no basta con tener
relaciones sexuales con mujeres, se exige embarazarlas y no se da, no se
tienen hijos y por lo tanto sin descendencia no se transmite buena parte
de la personalidad del padre y se da la pérdida del apellido masculino,
que al menos en latinoamérica tiene un peso muy relevante para los
hombres, se vuelve un objeto de vergüenza social.
Podemos
ver la colisión del esquema machista con el de los hombres disidentes
sexuales, que se construyen con elementos distintos, y los roles de género
y los estereotipos mutan y se contraponen notablemente. Desde los padres
se tiene el deseo de negar las cosas, de querer regresar al estado
inicial de lo esperado según sus expectativas; se responde violentando
y no admitiendo la diferencia, e incluso se recurre a intentos
desfasados ya, como querer curar como si se tratase de una enfermedad y
a cubrir las apariencias.
Creemos
que reducir los grados de homofobia es viable si se da un trabajo
personal desde los padres y
familiar real, implica transformar sus visiones, si se busca que los
hijos sigan siendo una parte importante dentro del círculo familiar
debe ser en el entendido de que operarán
circunstancias diferentes, de no ser así lo pertinente es
recurrir a la generación de lazos no consanguíneos con otras personas,
una nueva familia en síntesis. Por eso la premisa era ¿Cómo permea a
las masculinidades este proceso de salida del clóset, qué se pierde,
que se gana y qué se edifica en suma?
Salvador
subrayó que independientemente de la vía de confrontar estos cambios
por parte de la familia que
desea apoyar al hijo, en el fondo se abren las posibilidades a nuevas
formas de relacionarse y de
valorarse entre familiares.
Las
nuevas generaciones de jóvenes gays de grupos como el de Madres y
Padres de la Condesa, conforman una identidad con un nivel de libertad y
un grado de autonomía muy distinto, la idea de pertenencia también
cambia y se define bajo otros aspectos.
Generaciones
de hombres de las décadas de los 70´s, 80´s y
90´s tuvieron que transformar sus estructuras afectivas
construyendo familias por afinidad, fuera de la familia biológica.
Ahora se abre otro canal para las familias e hijos varones no
heterosexuales principalmente, cada situación personal definirá la
posibilidad a seguir; también comentó que con la variable de clase y
de ámbito urbano o rural, no hay una regla, hay que desmitificar
privilegios para uno y otro casos, la realidad suele ser distinta.
Por
ejemplo no son siempre las madres quienes apoyan a los hijos, muchas
veces son las primeras que corren y excluyen a los hijos, la homofobia
no es exclusiva de los padres. Podemos hablar de tendencias o variables,
hay ocasiones que los abuelos son los más receptivos a la aceptación
de los jóvenes.
Yánez
cerró cuestionando sobre el desafío de interacción de estas
masculinidades con las heterosexualidades familiares, que no tendría
que ir desde la tolerancia únicamente, sino más allá, ya que lo simbólico
y lo relacional se redefine, los patrones patrilineales perecen, habría
que cuestionarse ¿si la familia heterosexual promedio estará preparada
para la inclusión, la democracia y la equidad?
La
experiencia de esquemas fluctuantes en organizaciones como Opción Bi,
GRUMALE, Padres y Madres de la Condesa y de Coyoacán, ilustran muchas
de estas nuevas realidades, a diferencia de colectividades atomizadas
invariables, como sucede con las comunidades menonitas.
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