Pelea de alto
voltaje por una represa
Por Diego Cevallos
MÉXICO, 17/07/2007 (IPS) - Campesinos del sureño
estado de Guerrero en México mantienen bloqueada desde 2003 una zona en
la que el gobierno quiere construir una gigantesca represa hidroeléctrica.
El 12 de agosto, durante una asamblea en la que
participaron los habitantes de la zona, sus representantes y
funcionarios de la Comisión Federal de Electricidad, los campesinos
decidieron por mayoría que el proyecto debía ser abandonado.
"Acordamos que sería respetada la decisión que fue tomada por la
mayoría y sin ningún tipo de presiones" dijo a IPS José Hernández,
uno de los dirigentes de la zona agraria de Cacahuatepec.
"Que sepan que no cederemos aunque esto nos cueste la vida",
advirtió.
Cerca de Cacahuatepec y otros núcleos agrarios, donde viven unos 30.000
campesinos, pasa el río Papagayo, en el que el gobierno planea
construir una represa hidroeléctrica, con una inversión de unos 1.000
millones de dólares.
El proyecto, bautizado La Parota, demandaría seis años de trabajo y,
una vez finalizado, generaría 900 megavatios.
En 2003, el gobierno del conservador Vicente Fox (2000-2006) empezó a
realizar obras para la represa como caminos y construcción de
campamentos para los trabajadores.
Sin embargo, fueron suspendidas en forma casi inmediata debido a las
protestas de los campesinos, a quienes se les expropiarían sus tierras.
Desde entonces, y sin interrupciones, los opositores mantienen día y
noche bloqueados los accesos a la zona con piedras, palos y otros obstáculos.
La consigna es que no ingresen trabajadores de la estatal Comisión
Federal de Electricidad ni autoridades del gobierno.
"Este proceso ha sido muy largo, con muchos sobornos y engaños,
pero ya debe terminar. Que lo sepan: no vamos a vender ni a abandonar
nuestras tierras", señaló Hernández en una entrevista telefónica
con IPS.
El actual gobierno del también conservador Felipe Calderón, quien como
su antecesor Fox pertenece al Partido Acción Nacional, continuó con la
idea de construir La Parota. Negoció con los campesinos la realización
de una asamblea, para exponer sus puntos de vista y escuchar a quienes
se oponen al proyecto.
Esa reunión se concretó el 12 de este mes, con la presencia de unos
3.000 pobladores, quienes acordaron por votación a mano alzada,
realizada frente a delegados del gobierno, que el proyecto no se haría.
La resolución quedó consignada en un documento.
Sin embargo, algunos campesinos que están de acuerdo con el proyecto de
La Parota sostienen ahora que en la asamblea hubo presiones y que no
aceptarán la resolución.
Tampoco lo hará el gobierno del estado (provincia) de Guerrero,
encabezado por Zeferino Torreblanca, del opositor e izquierdista Partido
de la Revolución Democrática.
Las autoridades de la Comisión Federal de Electricidad no se han
pronunciado, pero Hernández cree que son ellas las que promueven el no
reconocimiento de la última asamblea.
Según el gobierno de Guerrero, el proyecto de la Parota sigue vivo. La
hidroeléctrica, explican los funcionarios, beneficiará con empleos y
generación de energía. Eso atenderá el déficit de electricidad que
ya sufren varias ciudades del estado, entre ellas la zona turística de
Acapulco.
Según Hernández, un campesino de 44 años que vive de la siembra de maíz
y plantaciones de limoneros, "en la última asamblea no hubo
presiones de ningún tipo. Todos lo vieron", argumentó.
"Por eso nos indigna que digan ahora que hubo presiones y que no
quieran aceptar la resolución. Claramente, la mano del gobierno federal
está detrás de esto", afirmó.
De hacerse la represa, se generaría un embalse de 14.000 hectáreas,
afectando a 2.000 campesinos, según el gobierno. Pero los opositores y
algunos investigadores sostienen que 20.000 personas sufrirían el
impacto de la obra y argumentan que produciría cambios culturales y
ambientales en la zona.
"Se han ganado todas las batallas legales contra La Parota. Si
ahora las autoridades lo desconocen se irá a un enfrentamiento sin fin
y a una total desconfianza frente a la ley", dijo a IPS Mario Patrón,
abogado del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, con
sede en Guerrero.
Patrón, quien asesora a los campesinos vecinos del proyecto La Parota,
sostiene que la insistencia en construir la represa "aún a costa
de cientos de campesinos y el ambiente", responde a fuertes
intereses económicos y empresariales.
La construcción de la represa generó interés en compañías locales
como Ingenieros Civiles Asociados e Ideal, así como en las extranjeras
Techint y General Electric.
"Los opositores a La Parota tienen al menos siete resoluciones
judiciales a su favor que indican que las asambleas campesinas de 2005,
donde aparentemente se aprobó el proyecto, fueron ilegales y amañadas
y ahora tienen un documento votado en una nueva asamblea con presencia
de autoridades y con total fuerza legal", señaló Patrón.
El gobierno de Fox indicó hace dos años que la mayoría de campesinos
estaban a favor de La Parota e incluso estuvo a punto de llamar a
licitación para concretar el proyecto. Pero los jueces indicaron que
las asambleas en las que se aprobó la represa no tenían validez.
"Que el gobierno de Calderón se olvide La Parota, pues jamás se
hará", advirtió Hernández.
Los opositores al proyecto incluyen a grupos ambientalistas locales y de
otros países.
El no gubernamental Tribunal Latinoamericano del Agua, con sede en Costa
Rica, concluyó en marzo de 2006 que el proyecto no era adecuado y que
en su intento de hacerlo el gobierno del entonces presidente Fox había
engañado y violado los derechos de los campesinos.
Los opositores a La Parota sostienen que la represa beneficiará sobre
todo a empresas privadas, pero no a las comunidades. Señalan que el
desempleo, la miseria y efectos irreversibles en el ambiente serán las
consecuencias si se lleva adelante la construcción.
Los defensores del proyecto indican que las represas contribuyen a
garantizar el control del flujo de agua, pueden evitar inundaciones y
disminuyen el uso de petróleo en la generación de energía.
En México, casi la mitad de la electricidad que se consume es generada
a partir de combustibles fósiles, que aumentan la contaminación
ambiental.
Pero las represas hidroeléctricas también implican costos ambientales,
entre ellos la pérdida de especies animales y la inundación de tierras
agrícolas. También provocan una reubicación de poblaciones.
Las comunidades río abajo y el ambiente han pagado un precio "inaceptable
e innecesario" por los beneficios de las grandes centrales hidroeléctricas,
señaló un informe de la Comisión Mundial de Represas.
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