Cuando la sotana
aprieta
Por Emilio Godoy
MÉXICO, 14/08/2007 (IPS) - Cuando el arzobispo de
México, Norberto Rivera, prestó testimonio en un litigio por encubrir
a un sacerdote pederasta, la jerarquía católica de este país empezó
a perder el fuero del que ha gozado históricamente.
Durante varias horas, el cardenal Rivera se sometió
este miércoles a un extenso interrogatorio de los abogados de Joaquín
Aguilar, denunciante del prelado ante tribunales de la estadounidense
ciudad de Los Ángeles por supuesta complicidad para proteger a un
sacerdote acusado de abusos sexuales.
Según Joaquín Aguilar, el sacerdote Nicolás Aguilar, con quien no
tiene parentesco, abusó sexualmente de él en 1994, cuando era un
seminarista de 13 años.
Además del cardenal Rivera y sus defensores, en la diligencia judicial
a puerta cerrada estuvieron presentes David Dribon y Robert Waters,
abogados estadounidenses de Joaquín Aguilar, y un representante del
juez Elihu Berle, de la Corte Superior de la occidental ciudad de Los Ángeles.
Berle había dispuesto el interrogatorio para determinar si tenía
jurisdicción sobre el caso. El magistrado emitirá su dictamen en
septiembre. Si fuera favorable al juicio, sería la primera ocasión que
un tribunal estadounidense acoge una demanda contra una alta autoridad
religiosa mexicana por abuso sexual.
"Tenemos certeza de la falta de jurisdicción, pues los presuntos
hechos que se imputan ocurrieron en México y los involucrados son todos
mexicanos", dijo a la revista Proceso el abogado Bernardo Fernández,
defensor del cardenal Rivera.
"Nuestra expectativa es que salga la verdad, que Rivera dé cuentas
por sus acciones, nuestra meta es que la corte (de Los Ángeles) acepte
su jurisdicción", dijo a IPS el activista Eric Barragán, portavoz
de la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales de Sacerdotes (SNAP, por
sus siglas inglesas).
La SNAP, una organización estadounidense que agrupa a víctimas de
acciones cometidas por sacerdotes católicos, planea abrir una oficina
en México.
En septiembre de 2006, Joaquín Aguilar, de 25 años, denunció a
Rivera, al cardenal Roger Mahony, arzobispo de Los Ángeles, y a Rodrigo
Aguilar, obispo de la ciudad mexicana de Tehuacán, por cargos de
negligencia, retención de pruebas, conspiración y trato con un
delincuente.
El argumento central de la acusación es que los prelados protegieron al
sacerdote Nicolás Aguilar, quien en los años 80 trabajó en la sureña
ciudad de Puebla, bajo la autoridad del entonces obispo Rivera. Luego
fue trasladado por éste a Los Ángeles, donde estuvo bajo las órdenes
de Mahony, para regresar más tarde a México y seguir impartiendo
oficios religiosos.
En los dos países, el sacerdote Aguilar fue acusado de abusar de
decenas de niños que se acercaban a la Iglesia, entre ellos Joaquín
Aguilar. De momento se encuentra prófugo de la justicia.
Expertos en temas religiosos consideran que el procedimiento contra
Rivera es un precedente para terminar con el fuero eclesiástico de
facto del que ha gozado la Iglesia Católica en este país de más de
104 millones de habitantes.
"Es un paso importante, es un buen principio. Lamentablemente, se
hace en una corte de Estados Unidos y no en una mexicana", comentó
a IPS Elio Masferrer, sociólogo de las religiones.
Para José Guadalupe Suárez, secretario ejecutivo del Observatorio
Eclesial, el interrogatorio no tiene precedentes en la historia eclesiástica
y política mexicana, por tratarse de la máxima autoridad católica del
país.
"Es un punto a favor de la democratización del Estado y de la
consolidación de la misma laicidad del Estado", dijo el
representante de la organización no gubernamental que aglutina a seis
instituciones de inspiración religiosa.
El caso parece haber desatado un enfrentamiento entre Mahony y Rivera,
cuyas versiones sobre el traslado del sacerdote Nicolás Aguilar
difieren.
Rivera sostiene que en 1987 advirtió en una carta a su par de Los Ángeles
que Aguilar dejaba México para viajar a su arquidiócesis y que la
decisión de recibirlo quedaba en sus manos, pues había sospechas de
que el sacerdote era "homosexual".
Mahony niega haber recibido esa correspondencia y asegura que contrató
al sacerdote mexicano sin conocer los cargos en su contra y que lo
expulsó más tarde, cuando fue acusado por algunos feligreses de actos
de pedofilia.
"Sin duda, alguien está mintiendo", resaltó Barragán.
En julio, la arquidiócesis de Los Ángeles acordó pagar una
indemnización de 660 millones de dólares a un grupo de víctimas de
varios sacerdotes, evitándose un juicio de grandes proporciones que
hubiera significado revelar información comprometedora para la
institución.
Entre los beneficiados figura Joaquín Aguilar. Desde los años 50, la
Iglesia Católica estadounidense ha pagado más de 2.000 millones de dólares
en resarcimiento a víctimas de pederastia.
"Mahony sabe que su personal tiene problemas, en esta confrontación
de cardenales hay alguien que no dice la verdad", señaló el sociólogo
Masferrer.
Según el análisis de Suárez, del Observatorio Eclesial, el acuerdo
legal de Los Ángeles vincula a Rivera, pues uno de los demandantes era
Joaquín Aguilar. "Esto da consistencia al argumento de Mahony y
resta credibilidad al cardenal Rivera de desligarse y apelar al
desconocimiento de los hechos", abundó.
La defensa de Rivera pidió que su testimonio permaneciera confidencial.
"Estamos seguros de su inocencia. No podrán sacar información
para llevar más lejos el asunto", dijo el abogado Fernández a
Proceso.
Esta semana rendirán también testimonio el obispo Rodrigo Aguilar y el
denunciante Joaquín Aguilar.
La SNAP estima que unos 40 sacerdotes acusados de pederastia, muchos de
ellos mexicanos, huyeron de Estados Unidos y se radicaron en México.
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