| Miles de gays salen del rígido armario nipón a ritmo
de samba
Tokio, 11/08/2007 (EFE).- Miles de japoneses enarbolaron hoy banderas
arco iris por las calles de Tokio, en un desfile a ritmo de samba y
música disco, para proclamar su homosexualidad en un país donde pocos
salen del armario.

En Japón rige una ley no escrita que recomienda "no hablar y no
preguntar" sobre la vida privada de la gente, como muestra de respeto
para evitar situaciones embarazosas, y la exhibición pública de la
sexualidad resulta, cuando menos, extravagante.
Sin embargo, cada vez son más los gays y las lesbianas que, como hoy,
salen cada año, armados de pelucas y disfraces, a recorrer las avenidas
del popular barrio de Shibuya en Tokio para demostrar que la
homosexualidad también está a la orden del día en Japón.
De la mano, portando pancartas de asociaciones con mensajes como "nosotros
ya vivimos juntos" o "estoy orgulloso de ser homosexual",
disfrazados de diablo, de preservativo o de luchador de sumo, los tokiotas
tuvieron hoy su desfile del orgullo gay.
Los al menos 5.000 asistentes pasaron por Harajuku, una de las áreas
más extravagantes de Tokio, donde las habituales "lolitas"
vestidas de personajes de dibujos animados se confundían con algunos
manifestantes, entre los que había casi tantas mujeres como hombres y
también mucho extranjero.
No obstante, la celebración japonesa del orgullo gay, que suma ya seis
ediciones, dista mucho del espectáculo que viven los países occidentales,
donde el evento se convierte en una gran fiesta que es incluso un reclamo
turístico.
A pesar de transgredir las formalidades niponas, la manifestación
tokiota transcurrió hoy dentro del habitual orden japonés.
Los asistentes pasearon en correcta fila, casi de tres en tres, sin
romper la formación y divididos en varios grupos separados entre sí,
cada uno detrás de una carroza con música, para no bloquear el tráfico
de las principales vías urbanas de la capital.
Como en muchas otras cosas, también existe una manera japonesa de
tratar la homosexualidad.
El diario nipón "The Japan Times" reflexionaba recientemente
sobre la confrontación existente entre cómo se entiende ser gay o
lesbiana en los países occidentales y en Japón, donde a ojos de un
extranjero los homosexuales parecen más reprimidos.
El término "gay" desembarcó en Japón tras la II Guerra
Mundial de la mano de soldados estadounidenses, pero el país ya contaba
con amplitud de miras sobre la sexualidad desde el período Heian que se
inició en el año 795.
Según estudios de la época, los propios samuráis y los monjes
budistas mantenían relaciones con personas de su mismo sexo, dentro de un
ámbito privado, sin temor a ser estigmatizados o ni tan siquiera
etiquetados como homosexuales.
A día de hoy, en Japón "la gente no sale del armario, sino que
entra", explicó en una visita al país Greg Dvorak, un experto del
Centro de Relaciones de Género de la Universidad Nacional de Australia.
"La tendencia es a buscar tu propio espacio, no necesitas salir
del armario ante tus padres o tu jefe sino entrar en el ambiente",
opinó Dvorak, según "The Japan Times".
Si bien las relaciones con personas del mismo sexo no son perseguidas,
la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas señala que en la
sociedad japonesa no hay espacio para los individuos que quieran vivir
públicamente de acuerdo con su condición homosexual.
Sin embargo, una prueba de que los tiempos cambian es que por primera
vez en la historia de la democracia nipona, una mujer declarada lesbiana,
Kanako Otsuji de 32 años, se presentó a senadora en las últimas
elecciones a la Cámara Alta del 29 de julio.
Otsuji, candidata por el Partido Democrático de Japón (PDJ), fracasó
en su intento pero lanzó un mensaje claro a sus conciudadanos: "Quiero
crear una sociedad con los colores del arco iris, donde las minorías se
junten y sean aceptadas como son".
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