Vindicación de la
hermandad
Por Orlando Matos
LA HABANA, 15/01/207 (IPS) - Un serial policial de la
televisión cubana transmitió un capítulo en que, de forma inédita,
revalorizó a la sociedad secreta abakuá, una religión de origen
africano que por más de un siglo ha sufrido discriminación y
tergiversaciones en esta isla.
Con intencionado didacticismo, el programa desmarcó a
esta hermandad religiosa y de socorro mutuo del componente delincuencial,
que usualmente se le atribuyó aquí, y resaltó los valores éticos y
morales necesarios que debe tener un hombre para convertirse en uno de sus
miembros.
"Ser hombre, buen hijo, padre, hermano, amigo, honesto, no tener
vicios", son algunas de las virtudes que enumera la planilla de
solicitud para ingresar en esa asociación, leída por un personaje
televisivo con la acotación de que cumplir los requisitos es sólo el
inicio de un proceso muy largo para ser aceptado.
En entrevista con IPS, el antropólogo cubano y especialista en temas
religiosos Jesús Robaina consideró que en la actualidad Cuba "ya se
ha pasado del ámbito de la tolerancia al de la aceptación y la
convivencia" con esta manifestación religiosa.
La también llamada secta secreta abakuá llegó al país a través de los
esclavos de la región africana del Calabar, entre el margen oriental del
río Níger y el actual Camerún, y su revelación pública aquí data de
la tercera década del siglo XIX.
Los asentamientos originales de la secta estuvieron localizados en zonas
portuarias de las ciudades cubanas de La Habana, Matanzas y Cárdenas (estas
dos últimas a 100 y 140 kilómetros de la capital del país,
respectivamente), donde aún perviven sus núcleos básicos conocidos como
"potencias, tierras o juegos".
A diferencia de otras religiones afrocubanas, la abakuá o ñañiga, como
también se le conoce, tiene carácter selectivo y es sólo para hombres,
al tiempo que cuida con el más celoso silencio el misterio de los
fundamentos de sus creencias.
Este carácter secreto propició que se tejiera una leyenda negra en torno
a sus ritos y liturgias, los cuales fueron tildados de sangrientos y el código
de conducta de sus integrantes tachado de "machista y violento".
La discriminación y los prejuicios contra esta cofradía tienen su origen
en la etapa colonial, cuando los esclavistas estigmatizaron a sus miembros
como "ignorantes criminales", como parte de la deshumanización
de lo que ellos consideraban su "mercancía".
En la época republicana de la isla, que se inicia con el siglo XX,
incluso como parte de los prejuicios raciales imperantes, la religión
abakuá continuó siendo considerada como una práctica maldita. Aunque
los blancos empezaron a ser admitidos en 1855, la imagen que aún
prevalece es la de una sociedad de hombres negros.
En la obra "Los Ñañigos", del investigador cubano Enrique
Sosa, premio del concurso literario de la isla Casa de las Américas en
1982, se llamó la atención sobre este fenómeno discriminatorio.
"Desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta muy entrado el XX, los
ñáñigos fueron acusados de criminales –lo cual, en casos particulares,
fue cierto- y ‘brujeros’, temidos, vituperados y envueltos en una atmósfera
sensacionalista que lucró con el temor, producto de la ignorancia con
respecto a la naturaleza de sus creencias y ritos, así como de intereses
clasistas, alarmitas, oportunistas y desvergonzadamente falsos, anticientíficos",
aseguró.
A partir del triunfo el 1 de enero de 1959 de la Revolución Cubana
liderada por Fidel Castro, en opinión de Robaina, actual director del
Instituto Cubano de Antropología, lo abakuá es visto "como folclore
que debe ser rescatado, antes de valorizar su esencia religiosa".
Ciertamente, según muchos especialistas, las danzas y música abakuás
forman parte de las manifestaciones folclóricas más espectaculares de
las religiones afrocubanas.
Estos elementos así como su escritura ideográfica, la propia lengua
carabalí, han pasado a ser motivos recurrentes para el teatro, la pintura
y el cine nacionales.
De ahí que, como parte de esa aproximación con óptica cultural,
surgieran grupos como la compañía Efí Yaguaremo, en el Teatro Nacional
de Cuba, dedicada a divulgar el aporte carabalí-abakuá.
También diversas instituciones como el Departamento de Etnología y
Folclor de la Academia de Ciencias de Cuba y, últimamente, la Fundación
Fernando Ortiz, estudian lo abakuá como parte de investigaciones más
amplias del legado africano en esta isla caribeña.
Para Robaina, los miembros de la religión abakuá, a partir "de la
resistencia cultural desde la que debieron actuar, constituyeron
componentes esenciales y básicos de la nacionalidad cubana".
De ahí que "se ha entendido políticamente la necesidad de esta
religión como parte de los valores nacionales y que se desarrolle un
proceso participativo de los abakuás que contribuye a desmoronar la
leyenda negra en torno a ellos", agregó.
Más allá de los intentos de folclorización que enfatizaron
principalmente reconocer y desarrollar los elementos con valor artístico
y literario de la religión abakuá, esta asociación ha conseguido un
resurgimiento.
De más de 120 "juegos" reconocidos en 2005, al año siguiente
fueron contabilizados unos 147 que acogen a más de 20.000 miembros, cifra
que ya podría ser mayor porque luego del 6 de enero, Día del Abakuá en
la isla, siempre surgen nuevas iniciaciones.
Robaina reveló a IPS que un estudio de ocho "juegos", entre
2004 y 2005, demostró "un incremento de la membresía con graduados
y estudiantes universitarios".
"Incluso viejos abakuás dicen que hay que estudiar para pertenecer a
sus juegos o potencias, lo cual indica que no están ajenos a los tiempos
que corren en el país", valoró el director del Instituto Cubano de
Antropología.
Como un índice de la revalorización social de esta sociedad
religioso-mutualista, se observó "un gran reconocimiento social
dentro de las comunidades en que están insertos sus templos", recalcó.
El experto reconoció que es un idealismo pensar en que integran un
conglomerado humano perfecto. "Elementos negativos dentro de ellos
existen, pero no son los preponderantes como antaño se exageró en demasía",
acotó.
"Ellos para aceptar a sus miembros tienen una red investigativa muy
amplia, y todo aquel que manifieste actitudes impropias ante la vida no lo
aceptan porque son muy selectivos", recordó.
"No creo que en el futuro lleguen a ser una religión masiva, pero sí
considero que ha llegado la hora de la convivencia y aceptación de esa fe
en nuestra sociedad", concluyó.
El programa televisivo emitido el primer domingo de enero aparece a poco más
de un año que la religión abakuá fuese inscrita en el registro nacional
de asociaciones del Ministerio de Justicia, lo cual le aporta un completo
reconocimiento oficial.
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