|
Renovación
del Tribunal Electoral: Prueba Para el
Senado de la República
Lic. Adriana Argudín
Palavicini.*
El Pleno de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación (SCJN) emitió, los días 7 y 21
respectivamente, la convocatoria para conformar las ternas para la
elección de los seis Magistrados Electorales que deberán integrar la
Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación
(TEPJF), y la lista de los interesados que será propuesta a la Cámara
de Senadores del Congreso de la Unión para que proceda a la elección,
antes del 15 de octubre, de los nuevos integrantes para el periodo que
inicia el 4 de noviembre y concluye en el año 2016.
Este proceso de elección no
se vislumbra sencillo, pues desde mi manera de ver las cosas, existen,
entre otros hechos que influirán de manera importante, los siguientes:
Primero, que de los 160 aspirantes sólo pueden elegirse seis; segundo,
que aún está fresco en el ambiente político nacional el polémico
resultado de la calificación de la reciente elección de Presidente de
la República -a cargo del TEPJF- por la cual se declaró Presidente
electo al licenciado Felipe Calderón Hinojosa, después de una votación
bastante cerrada; tercero, que la conformación de la nueva Cámara de
Senadores no facilita mucho arribar a acuerdos; y, por último, que
corresponderá a los nuevos Magistrados Electorales la calificación de
la siguiente elección presidencial.
Así las cosas, el Senado de
la República deberá dar muestras de que tiene voluntad para darle un
respiro al país y que es capaz de anteponer a los intereses partidistas
los intereses que coadyuven al fortalecimiento del marco jurídico que actualmente nos rige en materia político-electoral.
Llevamos ya un buen trecho andado y sería francamente lamentable que, a
la ya tan complicada situación política nacional, se le agregara más
leña al fuego. El Senado de la República tiene, pues, una oportunidad
de oro que no debiera desaprovechar.
Para muchos es sabido que en
materia político-electoral el país lleva avanzado un buen trecho. La
reforma política de 1986 estableció, por primera vez, la creación de
un Tribunal en esta materia, denominado Tribunal de lo Contencioso
Electoral, que fue definido como un órgano autónomo de carácter
administrativo, y que en su momento significó un avance en el
perfeccionamiento del sistema electoral regido por el Derecho.
Posteriormente, a través de las reformas constitucionales y legales de
1990 y 1993, surgió el Tribunal Federal Electoral (Trife) -desapareciendo
el Tribunal de lo Contencioso Electoral-, como el órgano jurisdiccional
autónomo en materia electoral, encargado de garantizar que los actos y
resoluciones se sujetaran al principio de legalidad, y se estableció
que en caso de controversia, correspondería a este órgano la resolución
final sobre las elecciones de diputados, senadores y asambleístas.
Asimismo, se creó la Sala de Segunda Instancia del Tribunal y fueron
ampliadas las causales de nulidad de votación recibida en casilla, de
elección de diputados y senadores.
La reforma constitucional de
1996, modificó el anterior sistema de elección de los Magistrados
Electorales en el que correspondía al Presidente de la República
proponer a la Cámara de Diputados su designación; ello, se argumentó
entonces, con el objeto de garantizar la especialización, imparcialidad
y objetividad en el ejercicio de la función jurisdiccional. Se creó el
actual Tribunal Electoral –que vino a sustituir al Trife- como la máxima
autoridad jurisdiccional en la materia y órgano especializado del Poder
Judicial de la Federación, entre cuyas funciones destacan, el cómputo,
la calificación y la declaración de Presidente electo; se ratificó su
competencia para resolver en forma definitiva e inatacable, las
impugnaciones que se presenten en materia electoral federal, y se expidió
la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia
Electoral.
En materia electoral está
claro que aún existe una amplia agenda de trabajo. Expertos en la
materia se han pronunciado en repetidas ocasiones acerca de la necesidad
de una reforma electoral más amplia que logre, entre otras cosas,
llenar las lagunas jurídicas con las que es común enfrentarse en el
marco legal y reglamentario de la materia. Una verdadera democracia,
pensada fundamentalmente para el bienestar nacional, no es, no debe ser,
aquella que se pretenda construir mediante el recurso de devaluar a las
instituciones, y más en concreto, a las instituciones electorales. El
camino correcto es, pues, continuar trabajando por fortalecer la
independencia de tales instituciones respecto del gobierno, fortalecer
la presencia ciudadana en ellas y pugnar por reglas cada vez más claras,
que garanticen el libre ejercicio del sufragio y la transparencia de sus
resultados.
*Presidenta de la Agrupación
Humanista Demócrata “José
María Luis Mora”.
apnluismora@yahoo.com.mx
|