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Mujeres clérigo encuentran Difícil el Camino al
Pulpito Mayor
Clergywomen Find Hard Path to Bigger Pulpit

FOTO: La Reverenda Alise D. Barrymore,
en el centro, quien tuvo que dejar su denominación para ser ordenada,
ahora sirve en una iglesia no-denominacional cerca de Chicago.
26 de agosto (Neela Banerjee, New York Times/Traducción al castellano
© Enkidu): En los 18 años desde su ordenación, la Reverenda Elaine
Puckett ha luchado con la posibilidad de si ella algún día llegaría al
púlpito.
Cuando ella dejó la escuela de teología [divinity school], Puckett,
Metodista Unitaria [United Methodist], pensó que algún día ella podría
encabezar una congregación grande en su ciudad natal, Atlanta. En lugar
de eso, ella ha cambiado de trabajos como pastor asociado bajo el mando de
alguien más o como líder de una congregación pequeña que lucha por
sobrevivir. En contraste, con hombres con lo que se ordenó, en su
mayoría, han continuado hasta dirigir iglesias mayores.
"Tu comienzas a dudar de tus habilidades," dijo Puckett, de
58 años de edad, pastor asociado en la Iglesia Embry Hills United
Methodist de Atlanta. Cuando ves este círculo interminable de tener un
nombramiento luego otro y luego otro como estos, tu capacidad de
resistencia baja."
La trayectoria de la carrera de Puckett resulta familiar a muchas otras
mujeres en el clero de las iglesias protestantes.
Ya sea que vengan de denominaciones teológicamente liberales o
conservadoras, de iglesias de las comunidades negra o blanca, las mujeres
en el clero aún chocan contra lo que muchas denominan el techo de vidrio
[the stained-glass ceiling] — los límites de largo plazo, las
preferencias y los prejuicios, dentro de sus denominaciones, lo que evita
que lleguen a encabezar congregaciones mayores y de tener la oportunidad
de dar forma a la fe de más gente.
Las mujeres ahora constituyen más del 51% de estudiantes en las
escuelas de teología. Pero en las principales Iglesias protestantes que
han estado ordenando mujeres durante décadas, las mujeres suman pequeños
porcentajes alrededor del 3 por ciento, acorde con una investigación de
un profesor en la Universidad Duke— de pastores que encabezan
congregaciones grandes, aquellas que tienen en promedio de asistencia
dominical a más de 350 personas. En las iglesias evangélicas, la
mayoría de las cuales no ordenan mujeres, algunas mujeres deciden
dejarlas por otras denominaciones que les acepten como ministras. Las
mujeres provenientes de iglesias históricamente negras que desean
ascender al púlpito con frecuencia inician sus propias congregaciones.
Este año, las mujeres fueron electas para encabezar la Iglesia
Episcopal, la Iglesia Metodista Unida y la Iglesia Presbiteriana de
Estados Unidos. Pero tales éxitos no se han penetrado al nivel de las
congregaciones, afirmó la Rev. Dra. Catherine Stonehouse, decana de la
escuela de teología práctica en el Seminario Teológico Asbury [Asbury
Theological Seminary] en Wilmore, Kentucky.
Con frecuencia es más fácil para las mujeres en las iglesias
principales denominaciones históricamente protestantes como la
Presbiteriana, la Luterana, la Metodista, la Episcopal y la Iglesia Unida
de Cristo— ser electas como obispo y como otros líderes que llegar a
encabezar congregaciones grantes, sostuvo la Dra. Stonehouse.
La gente en las bancas de la iglesia con frecuencia no acepta a las
mujeres en el púlpito, aseguraron miembros del clero. "Es todavía
difícil para muchos en esta cultura ver a las mujeres como figuras de
autoridad religiosa," dijo la Rev. Cynthia M. Campbell, presidenta
del Seminario Teológico McCormick [McCormick Theological Seminary], un
seminario presbiteriano en Chicago.
La Rev. Dottie Escobedo-Frank, pastora de la Iglesia Crossroads United
Methodist Church de Phoenix, Arizona, dijo que en cada iglesia donde ha
servido, la gente le ha dicho que ha ido porque es mujer.
En una iglesia grande donde ella fue pastor asociado, un colega le dijo
que cuando ella estaba en el púlpito, él no podía concentrarse en lo
que ella estaba diciendo porque ella es una mujer. Un hombre en la
congregación cubría sus ojos cada vez que ella daba el sermón.
Interpretaciones en conflicto de la Biblia son la base de los debates
sobre la autoridad y la ordenación de las mujeres. Los opositores de su
ordenación citan las palabras de San Pablo en Timoteo I [I Timothy] 2:12,
donde él dice: "Yo no permito que una mujer enseñe o tenga
autoridad sobre los hombres; ella debe mantener el silencio" ["I
permit no woman to teach or have authority over men; she is to keep
silent"]. Pero los que favorecen la ordenación señalan a San Pablo,
de nuevo, en Galatías [Galatians] 3:28, donde dice: "No hay hombre
ni mujer; pues ustedes todos son uno en Cristo Jesús" ["There
is neither male nor female; for you are all one in Christ Jesus"].
Para Escobedo-Frank el argumento es familiar.
La gente me ha escrito en casi todas las iglesias en las que he estado,
excepto donde estoy ahora, y me dicen: "Tomás afirma que las mujeres
no pueden predicar, así que ¿cómo puede hacerlo?’ " dijo ella.
Durante la primer década luego de su ordenación, los hombres y las
mujeres mantienen posiciones similares, asegura Jackson W. Carroll,
profesor emérito de Religión y Sociedad en la Escuela de Teología de la
Universidad Duke y autor del libro: "God’s Potters: Pastoral
Leadership and The Shaping of Congregations," [Los Alfareros de Dios:
Liderazgo Pastoral y La Formación de las Congregaciones], publicado este
año.
En su segunda década en el ministerio ordenado, sin embargo, el 70 por
ciento de los hombres han ascendido a congregaciones medianas o grandes,
afirma Carroll, basado en una investigación llevada a cabo en 2001
realizada entre 870 pastores principales y solo [senior and solo pastors].
En comparación, sólo 37 por ciento de las mujeres encabezaban
congregaciones medianas o grandes.
En las denominaciones protestantes principales, Carroll encontró que
las mujeres constituyen el 20 por ciento de los pastores que encabezan o
solo [lead or solo pastors]. Pero de los pastores en la escala de pago
más alta, en su mayoría aquellos que encabezan congregaciones grandes,
sólo 3 por ciento son mujeres. De todas las congregaciones protestantes
conservadoras, 1 por ciento son encabezadas por mujeres, dijo él; de las
iglesias afro-estadounidenses, sólo 3 por ciento tienen a la cabeza una
mujer.
Se trata de una combinación de costumbres antiguas y de miopía
democrática: que en el mercado de las ideas y los valores, los hombres
importan más y que por definición, las mujeres tienen que tomar el
asiento trasero," declaró el Dr. Alton B. Pollard III, Director de
Estudios de la Iglesia Negra [black church studies] y profesor asociado de
Religión y Cultura en la Escuela de Teología de Candler [Candler School
of Theology] en la Universidad de Emory.
Numerosas denominaciones iniciaron la ordenación de las mujeres en el
Siglo XIX, desde los Cuáqueros [Quakers] y la Iglesia de la Conexión
Cristiana [Christian Connection Church], que salió de la Iglesia Unida de
Cristo [United Church of Christ], a las iglesias de la tradición
Wesleyan-Holiness. Una de las precursoras de la Iglesia Presbiteriana de
Estados Unidos orden primero a mujeres en 1956, el mismo año en que la
Iglesia Metodista Unida concedió derechos clericales plenos a las mujeres.
Los cuerpos de la iglesia que al final formaron la Iglesia Evangélica
Luterana de Estados Unidos iniciaron la ordenación de mujeres en 1970 y
la Iglesia Episcopal oficialmente las ordenó en 1976.
Cuando inició el movimiento Pentecostal, en 1906, no prohibía que las
mujeres predicaran. Pero con el tiempo, las congregaciones han limitado el
liderazgo de las mujeres.
La denominación protestante mas grande del país, la Convención
Bautista del Sur [Southern Baptist Convention], no promueve la ordenación
de las mujeres, aunque algunas congregaciones individuales y otros grupos
bautistas lo hacen. El Dr. Kenyn M. Cureton, vicepresidente para
relaciones de convención [convention relations] en la Convención
Bautista del Sur, declaró: "Los pasajes bíblicos que restringen el
oficio de pastor a los hombres no niegan la valía inherente y el valor
igual tanto de mujeres como de hombres ante Dios, sino que centran la
atención en la designación de los roles diferentes y en las
responsabilidades de los géneros" ["The biblical passages that
restrict the office of pastor to men do not negate the inherent worth and
equal value of both women and men before God, but rather focus on the
assignment of different roles and responsibilities to the genders"].
Las congregaciones individuales en general, tienen mucho que decir
sobre quién estará en sus púlpitos. Esto es particularmente cierto en
las congregaciones más numerosas y con mayores recursos en todas las
denominaciones, incluso la Iglesia Metodista Unida, donde los obispos
nombran a los ministros de las congregaciones, afirmó Adair T. Lummis,
profesora asociada en investigación en el Instituto para la
Investigación de la Religión [Institute for Religion Research] en el
Seminario Hartford en Connecticut.
En su mayoría, las congregaciones desean un hombre joven casado y con
hijos, acorde con la investigación de Lummis, realizada en 2001. "La
imagen total demográfica de un pastor no ha cambiado mucho desde los
1950's," dijo ella.
Las congregaciones más pequeñas y pobres contratarán una mujer, pero
con frecuencia sólo de manera apesadumbrada, aseguran miembros del clero.
Cuando nos reunimos con el comité de investigación en Louisville, la
gente ahí me dijo, ‘Nosotros de verdad no queríamos a una mujer,
porque sabemos que estamos muriendo cuando tenemos a una mujer,’"
dijo la Rev. Lucia Oerter sobre su experiencia en John Knox Presbyterian
en Louisville hace tres años y medio.
Al entrevistar a 15 mujeres ministro, la mayoría aseguraron que
habían trabajado o estaban trabajando en congregaciones pequeñas, con
frecuencia aquellas que estaban decayendo. En todos los casos, las
ministras habían recuperado la participación dominical. Pero tal
experiencia no es suficiente, con frecuencia, para obtener un puesto más
importante, en congregaciones más afluentes.
Una ministra presbiteriana al norte de California, quien solicitó no
ser identificada porque no desea que su congregación sepa que ella estaba
buscando un puesto nuevo, dijo que ella recibió 65 negativas [rejections]
cuando solicitó un trabajo a mediados de los 1990’s. Durante los
últimos dos años, mientras ella ha buscado cambiar a una iglesia más
grande, ella dijo que había pasado por 15 iglesias, incluso aunque su
propia iglesia está prosperando y ella enseña en un seminario de
prestigio. Cuando un pastor antiguo [senior pastor] es consultado sobre
quién desearía que lo sucediera, no existe ninguna mujer en esas listas,"
dijo la ministra. La tradicional camaradería-de-hombres [good-old-boy
network] comienza ahí."
Los expertos en mujeres en el clero aseguran que mientras los líderes
de las denominaciones más importantes apoyan a las mujeres en el
ministerio, no se hace lo suficiente para apoyar su crecimiento.
Un paso importante, pero pequeño, que los pastores hombres pueden
tomar, señalan los expertos, es que las congregaciones escuchen sermones
predicados por mujeres. Por ejemplo, aquellos pastores pueden solicitar a
las mujeres que sean predicadoras invitadas o que les suplan cuando vayan
de vacaciones.
Yo hablo de manera diferente de lo que hace un hombre," dijo
Escobedo-Frank. "Para escuchar la totalidad de la voz de Dios,
necesitas escuchar tanto a hombres como a mujeres. Los oídos de la gente
están más abiertos por la sorpresa, y están encantados por la sorpresa."
También es cierto que no todas las ministras desean encabezar
congregaciones grandes. Y en las tradiciones protestantes que no ordenan
mujeres, tales como las megaiglesias evangélicas, las mujeres legas que
encabezan grupos de jóvenes o grupos de mujeres tienen influencia en la
fe de cientos de creyentes en una manera que una mujer ministra en una
iglesia pequeña no puede.
La Rev. Alise D. Barrymore, de 37 años de edad, creció en la Iglesia
de Dios en Cristo, parte del movimiento Pentecostal. Ella es co-pastora de
la Comunidad Emmaus, una iglesia no denominacional, "post-moderna
Africano-Estadounidense" que ella fundó con otro ministro en Chicago
Heights, Ill.
Como muchas mujeres provenientes de orígenes cristianos conservadores,
ella ha tenido que dejar su denominación, cambiando de una tradición a
otra, para ingresar al púlpito.
La iglesia en la que creció tiene mujeres poderosas como miembro, dijo
ella, pero no se les ordena. Sin embargo, ella ha esperado durante mucho
tiempo para entrar al ministerio pastoral. Las mujeres en la tradición
negra pentecostal pueden ser evangelizadoras itinerantes, pero en rara
ocasión pastoras.
Tu no puedes administrar los sacramentos, y no sería raro para tí
predicar desde el suelo y no desde el púlpito, aunque eso ha cambiado
poco a poco en los años recientes," dijo Barrymore. "Los
nombres y la nomenclatura en la iglesia negra son tan importantes: como
una mujer, tu enseñas, pero no predicas. Con todo, el enseñar suena casi
como el predicar."
Puckett, pastora asociada en la Metodista Unida [United Methodist] en
Atlanta, dejó el ministerio pastoral por un tiempo, aseguró ella, porque
sentía que ella no podría obtener el tipo de trabajo que deseaba. Ella
regreso porque sentía el llamado a predicar. Pero responder a este
llamado, afirmó ella, es una lucha.
Me he sentido deprimida algunas veces, pero el apoyo de amigos y
colegas me ayudaa a superarlo. Yo les pregunto, ‘¿lo que estoy
sintiendo sobre lo que sucede es real o solo estoy loca?’ y ellos me
dicen que no estoy loca," concluyó Puckett.ortantes: como una mujer,
tu enseñas, pero no predicas. Con todo, el enseñar suena casi como el
predicar."
Puckett, pastora asociada en la Metodista Unida [United Methodist] en
Atlanta, dejó el ministerio pastoral por un tiempo, aseguró ella, porque
sentía que ella no podría obtener el tipo de trabajo que deseaba. Ella
regreso porque sentía el llamado a predicar. Pero responder a este
llamado, afirmó ella, es una lucha.
Me he sentido deprimida algunas veces, pero el apoyo de amigos y
colegas me ayudaa a superarlo. Yo les pregunto, ‘¿lo que estoy
sintiendo sobre lo que sucede es real o solo estoy loca?’ y ellos me
dicen que no estoy loca," concluyó Puckett.
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