
Adriano
y Antinoo la pareja divina
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Adriano
y el joven Antinoo
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“...¿Donde morarás ahora,
/Pálida, rígida, desnuda, /Incapaz de jugar, como antes?” fragmento
del epitafio de Adriano
Por
Su Caótica Majesty Doña Juana La Loca
Dedicada
a mi pareja favorita Xabier Lizárraga y Luis Armando Lamadrid
Doña Juana lo sabe, el amor es ¡Di-vi-no!
Maravilloso en sí y en espera a que Don Cutberto la lleve al altar –que
no falta mucho, para eso- se encomienda a una de las parejas gays más
memorables de la historia: Adriano y Antinoo quienes son ejemplo de que
nosotros no sólo amamos, sino que podemos ser dichosos con nuestro amado.
Érase que se era en una provincia
llamada Bética, hoy Andalucía, que nació un majo llamado Publio Elio
Adriano un 24 de enero del año 76 de nuestra era. Parece que el joven
Adriano gustaba mucho de la cultura helénica (Hélade=Grecia), por ella
lo llamaban El Griego; pues sucede que este joven perdió a su padre y fue
confiado a su primo Trajano y a Acilius Attianus. No cabe duda que la
relación entre Trajano y Adriano fue enorme, ya que pasaron de un inmenso
afecto al aborrecimiento ¿Qué habrá pasado? Se pregunta con malicia su
chismosa consentida.
Ya desde niño había recibido
entrenamiento militar y una vez en Roma, con su primo, sirvió como
tribuno militar en distintas legiones, o sea que la milicia le iba bien a
este guapo español. En el 97 Trajano es adoptado por el emperador Nerva,
a quién sucede al año siguiente. Plotina, la esposa de Trajano era amiga
de Adriano con quien compartía un amor filial, o sea de madre e hijo, por
ello no es extraño que Adriano se case en el año 100 con Sabina, sobrina
de Trajano, entre ellos no hubo ni amor, ni hijos, como quien dice: ¡Papaya,
ni en shampoo!
A pesar de que por el año 117
Adriano había logrado el control del ejercito, no existían documentos
que lo acreditaran como heredero al trono, cuando se produjo la muerte de
Trajano. Los papeles aparecieron en Roma dos días antes de la noticia de
la muerte de Trajano, y circularon rumores de que Plotina había preparado
esos papeles para ayudar a su protegido. Mientras Adriano luchaba con sus
ejércitos en el Tigris y el Eufrates y sofocaba las revueltas de los judíos
en Oriente, Plotina y Atiano maniobraban en Roma para lograr su
nombramiento de Emperador.
Adriano fue, por encima de anécdotas
y rumores, conocido como un hombre de armas. Fue un líder conocido por
sus comportamientos heroicos, su actitud escueta y porque marchaba junto a
sus tropas, comiendo y durmiendo a su lado, aplicando una forma
inteligente y directa de ejercer el mando. De hecho, muchos historiadores
opinan que el Imperio Romano alcanzó su apogeo durante su mandato. En
lugar de destruir, construyó e hizo la paz, emprendió varias obras públicas
¡Ya ni el Peje! Este si era nuestro gallo.
Fue en 123, cuando Adriano recorría
la provincia de Bitinia que conoció a un joven lánguido y temperamental
llamado Antinoo, de quien se cree que nació entre 110 al 112.
Lamentablemente los datos sobre Antinoo, desaparecieron cuando el tiempo
hizo estragos en el obelisco que Adriano hizo en su honor ¡A ver, cuando
les hacen algo así, chulas! Mientras ¡cuiden el obelisco de su marisco!
Se conoce poco de la forma en que
Antinoo llego a estar en la casa de Adriano. Lo mas probable es que fuese
tomado para ingresar en el “paedagogium” imperial, una especie de
academia donde se entrenaban a los jóvenes para hacerlos sirvientes
civiles de la casa imperial.
Es imposible decir exactamente
cuando Adriano llegó a enamorarse de Antinoo, pero puede situarse entre
el 125 en que el Emperador retorno a Italia y su siguiente viaje a Grecia
en el 128 en el que Antinoo ya le acompañaba como su favorito. Es
importante a la hora de analizar la relación entre Adriano y Antinoo,
conocer las costumbres de la época en cuanto a los “eromanos y
erostatos” del que ya hemos hablado en la revista, donde se planteaban
unas relaciones que trascendían lo meramente erótico, espiritual y
afectivo.
Antinoo fue el perfecto eromeno
para Adriano: Estaba dotado de una belleza enorme, poseía una
inteligencia destacada y aguda, y además era un gran cazador y atleta.
Adriano era un hombre especialmente sensible hacia el arte y la cultura,
quien seguramente se encontró complacido y deslumbrado con la aparición
de Antinoo que encarnaba en un joven la belleza de esas estatuas. Era como
haber encontrado una obra de arte viviente. Otra afición en que coincidían
era la caza; afición en la que coincidía con Antinoo. Además Adriano
había desarrollado un especial sentido de gusto por las conversaciones
inteligentes, de las que Antinoo podía mantener ¡Aplíquense, manas y
sean un cuerpo bonito! Y por supuesto, era griego ¡Así, manas hasta yo
le decía que sí!
Estos elementos conformaban todo
aquello que una persona como Adriano podía desear como persona de compañía.
De ahí al surgimiento del amor, según los parámetros de la época no
había mas que una corta distancia. Todo fue perfecto hasta que Antinoo,
en un paseo por el Nilo, desapareció, destrozando el corazón del
Emperador “El perdió a su Antinoo mientras navegaba por el Nilo, y lloró
por el como una mujer. En relación a esos, hay varias opiniones: algunos
afirman que se sacrificó a si mismo por Adriano, otros que fue asesinado
por su belleza y sensualidad.. “
Lo que sucedió con exactitud a
Antinoo en octubre de 130 es desconocido. Adriano simplemente escribió:
“El ha caído en el Nilo”. El
cuerpo del joven nunca llego a recuperarse. Muchos historiadores, no
obstante, prefieren la teoría del auto sacrificio. Otras teorías apuntan
a que Antinoo fue victima de un complot de la corte para hacerlo
desaparecer, dada la influencia que tenia sobre el Emperador. Lo mas
aceptable, es que Antinoo se hubiera sacrificado en honor a su amado,
conjuntando la intención del suicidio con la de hacerlo como una forma de
beneficio hacia la persona querida.
Había una creencia en la antigua
Grecia de que uno añadía años a la vida de la persona por la cual se
sacrificaba. Hay un elemento que es posible hiciese plantearse tal reflexión
a Antinoo en este sentido, que es un suceso acaecido pocos días antes: Cuando
Adriano le había salvado la vida al abatir un león que estaba merodeando
al joven. Es posible que como
agradecimiento por esto, Antinoo hubiese decidido “regalarle”
sus años al Emperador.
Y tal vez, cerrando esta explicación
de leyenda, cabe considerar la apuesta por una forma de acceder a la
inmortalidad. Lo que sabemos, es que Adriano fundó en su honor la ciudad
de Antinoópolis y lo elevó al rango de Dios. El culto a Atinoo se
extendió en todo el imperio. Luego de tres intentos de suicidio, el
emperador Adriano murió en el balneario de Bayas un 10 de julio del 138
uniéndose a su joven dios. Doña Juana se despide, no sin antes
recomendarles Memorias de Adriano
de Marguerite Youcenar. Esperando que encuentren a su Antinoo o a su
Adriano, según sea el caso.

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