|
EL AMOR Y LA POLÍTICA EN LOS TIEMPOS DE CAMBIO
por © María
de Jesús González Pérez/Enkidu
El mes de febrero es el mes del
amor y la amistad, según lo publicitan mediáticamente los medios de
comunicación que, transforman los sentimientos en mercancías con fines
de lucro, como suelen armar una parafernalia para el día de la madre, del
padre y no está exento el sentimiento patriota del 15 de septiembre ó 20
de noviembre. Todo este bombardeo comercial sobre el 14 de febrero desvirtúa
los sentimientos más nobles que puede tener un ser humano y aún más los
limita dentro de un contexto de globalización en el que impera la
indiferencia y la individualidad. En este día y durante todo el mes se
oferta el corazón gracias a la magia de la mercadoctenia que vende gestos
amorosos en todo tipo de productos consumibles.
Sin embargo, esta fecha no sólo
se restringe a la negociación del amor en el sentido más amplio, sino
que hay una parte de la sociedad civil que valora y replantea este
sentimiento; desde hace cinco años el movimiento lésbico gay viene
celebrando y mostrando a la sociedad mexicana que el amor tiene múltiples
expresiones y formas de realizarse, los cuales hay que respetar y
contemplar en un marco de legalidad; los escenarios para el registro público
de diversas uniones lésbicas y gays en el día de San Valentín, han sido
primero, en la explanada de las Bellas Artes y ahora en el Hemiciclo a Juárez
en los que se han llevado a cabo registros simbólicos que apoyan y exigen
fundamentalmente la aprobación de la ley de Sociedades de Convivencia que
llevara a discusión Enoé Uranga a la Asamblea Legislativa del Distrito
Federal a partir del 2001, propuesta ciudadana que busca garantizar los
derechos de tutela y sucesión a parejas del mismo o distinto sexo,
reconociendo legalmente sus derechos civiles. Esta reforma al Código
Civil ha sido respaldada por organizaciones del movimiento amplio de
mujeres, de derechos humanos, de sexualidad, de salud y VIH/Sida, de la
diversidad sexual, intelectuales, académicos y artistas.
Esta forma de accción expresada
en la celebración de uniones solidarias, refleja y hace ver a la sociedad
que la ley de Sociedad de Convivencia de ninguna manera pretende competir
con la figura legal y moral del matrimonio. Hay que tener claro que el
concepto de familia se ha transformado a partir del devenir histórico,
político, cultural, económico y social que experimenta toda sociedad, más
aún en el marco de mundialización en el que estamos inmersos. Ya no se
puede pensar en la familia nuclear como antaño, ahora la constitución de
la familia es totalmente heterogénea, por ello se demanda que a los
ciudadanos que conforman nuevas familias se les garanticen legalmente el
cumplimiento de sus derechos civiles, políticos y sociales.
No cabe duda que la conveniencia
de un Estado laico está en juego, ya que a mediados del 2002 la
iniciativa de ley quedó suspendida gracias a la falta de voluntad política
de partidos como el PAN, el PRI y el PRD que conducen su quehacer político
y cívico a partir de prejuicios y desinformación, lo que responde a
intereses de grupos conservadores y de la iglesia católica que participa
indirectamente en un recinto laico como lo es la Asamblea Legislativa.
Uno de los argumentos por los
cuales no se discute ni se aprueba esta ley es porque, dicha ley
quebrantaría todo el esquema normativo de la familia tradicional y
entonces pensamos, acaso ¿el concubinato no transgrede a la célula
principal de la sociedad?, esto es, la otra pareja de un hombre casado
legal y religiosamente goza del derecho a la salud, a la protección económica
y de sucesión; en este caso la doble moral llega al terreno de la práctica,
al legitimar y aceptar legalmente la traición amorosa, moral y religiosa
que un hombre casado puede hacer a su esposa y que en ocasiones ésta no
conoce tal situación hasta que el cónyuge muere, mientras tanto el
Estado a través de sus instituciones públicas ya ha amparado este otro
tipo de familia. Por ello no es sorprendente que en estos últimos años
haya aumentado el porcentaje de divorcios en el Distrito Federal.
Reconocer legalmente los
diversos rostros que implica ser una familia de cara al siglo XXI, es uno
de los trabajos políticos y sociales que tiene que tomar en cuenta un
Estado incluyente que, retome las necesidades de su sociedad, las
cuestiones propias de la reproducción aquellas que conciernen a problemáticas
y preocupaciones que se originan desde la cotidianidad y que deben
discutirse en el espacio público, ya que esto también forma parte de la
política.
En la actualidad los intereses
de la sociedad política se enfrentan a los de la sociedad civil, un
ejemplo claro son las campañas políticas preelectorales, punto central
de las agendas de nuestros actores políticos: el golpeteo, los amarres,
el cabildeo, la incesante inquietud por alcanzar posiciones de poder se
han hecho presentes a mediados del sexenio y en estos últimos meses son
las notas del día; sus espacios, el Congreso de la Unión donde el PAN
está sumido en la incertidumbre para elegir a su candidato a la
presidencia, el PRI pretende ocultar las disidencias al interior del
partido encabezadas por Enrique Jackson y Roberto Madrazo y en el PRD el
interés esta centrado en defender a Andrés Manuel López Obrador del
desafuero; viviendo el mismo ambiente la Asamblea Legislativa del Distrito
Federal. En ambas partes, el trabajo legislativo se ha desplazado por la
virulenta carrera que emprenden las campañas políticas de cada partido,
soslayando temas importantes por discutir como la ley de Sociedades de
Convivencia, las reformas a la educación, la salud, la electricicidad y seguridad
nacional, entre otros más.
En este sentido la sociedad
civil tiene un largo camino a recorrer, se debe hacer un reacomodo de
fuerzas para enfrentar el contexto político, social y económico que se
avecina, respetando cada una de sus partes, ya que ésta es un sujeto político-social
plural y cambiante que, con sus diferentes formas de acción produce un
contrapeso a la sociedad política que en muchas ocasiones actúa en
detrimento de la justicia, la inclusión y el respeto.
|