Hombres despojados por el tsunami
Marwaan Macan-Markar
MULLAITTIVU, Sri Lanka, 15 de febrero 2005 (IPS)
- El norte de Sri Lanka es una tierra de viudas a causa del conflicto
entre fuerzas del gobierno e insurgentes tamiles. Pero el tsunami de
diciembre dejó viudos a miles de padres que ahora deben hacerse cargo de
sus hijos, solos.
Ramasamy Rajakumar pasa sus tardes en compañía de
un grupo de hombres con los que comparte un mismo dolor: todos perdieron a
sus hijos y esposas en el maremoto del 26 de diciembre en el océano Índico.
La reunión se realiza siempre entre las ruinas de algunas casas de
Mullaittivu, en la costa nororiental de Sri Lanka. A veces buscan amparo
entre los restos de una iglesia católica, también arrasada por los
tsunamis.
En las conversaciones se percibe la tristeza y el sentimiento de culpa por
haber sobrevivido al desastre.
Rajakumar, un pescador de 55 años, expresa en cada palabra su rencor
hacia el mar, que tanto le dio durante su vida pero que, de un momento a
otro, le robó todo.
”Perdí a mi familia y ya no tengo razones para volver a pescar. ¿De qué
sirve sobrevivir?”, dice sin esperanzas.
Este sentimiento de frustración y renuncia a la vida no es para nada
nuevo en Mullaittivu, una localidad que ha sido escenario de sangrientos
enfrentamientos entre los rebeldes Tigres para la Liberación de la Patria
Tamil-Eelam (LTTE) y las fuerzas del gobierno.
Ese conflicto étnico ha dejado alrededor de 64.000 muertos en casi 20 años.
Entre los trágicos legados de la guerra está el alto número de mujeres
viudas.
En febrero de 2002, cuando se interrumpió un cese del fuego entre el LTTE
y Colombo, se estimaba en 40.000 el número de mujeres que perdieron a sus
esposos en el conflicto, la mayoría de ellas en las zonas norte y este
del país, donde pelean los rebeldes separatistas.
El maremoto del 26 de diciembre añadió otra tragedia: una gran proporción
de hombres que ahora deben enfrentar la vida sin sus esposas y sin sus
hijos.
Más de 220.000 personas murieron en diciembre por los tsunamis, palabra
japonesa para referirse a las grandes olas que invaden las costas a causa
de terremotos o erupciones volcánicas submarinas.
El maremoto esta vez fue provocado por un sismo de magnitud nueve en la
escala de Richter, con epicentro cerca de la isla indonesia de Sumatra.
Bangladesh, Birmania, India, Indonesia, Malasia, Maldivas, Seychelles, Sri
Lanka, Singapur, Somalia y Tailandia fueron los países más afectados.
”El tsunami fue peor para mí que la guerra, porque mató a mi familia.
No me quedó nada”, dijo Anthony Arumurajah, un pescador de 45 años que
todavía tiene marcada en un calendario la fecha en que murieron su esposa
y sus siete hijos.
Más de 3.000 personas murieron en esta localidad por el maremoto, según
datos del gobierno. En todo el país las víctimas fatales sumaron 38.000.
”Muchos esposos y padres lograron sobrevivir porque fueron más capaces
de nadar o correr, mientras que sus esposas e hijos fueron tragados” por
el agua, explicó a IPS el psicólogo Daya Somasundaram, de la Universidad
de Jaffna.
”En algunos casos, hubo padres que sobrevivieron con sus bebés”, pero
son la excepción, añadió el experto, que acudió al lugar para
aconsejar a las víctimas.
”Esto ha obligado a muchos hombres a ejercer papeles a los que no están
acostumbrados”, indicó.
El creciente número de hombres viudos se puede apreciar con sólo visitar
algunos de los campamentos para refugiados instalados en los últimos
meses, como el de la Escuela Mixta Tamil Hindú de la septentrional
localidad de Thanniyootu, en el que hay unas 300 personas.
Allí está Sebastian Croos, de 45 años, que perdió a su esposa pero
logró rescatar a sus cuatro hijos.
”Mis hijos ahora sólo me tienen a mí. Va a ser difícil, pero estoy
decidido a ayudarlos”, señaló.
Otros hombres en campamentos más al norte, como Point Pedro o Thanniyootu,
viven situaciones similares.
Pero el mayor desafío vendrá cuando comience la segunda fase del
programa de asistencia a las víctimas de los tsunamis, en la que los
habitantes de los campamentos serán reinsertados en sus antiguas
comunidades.
No va a ser nada fácil. ”La devastación fue tan sorpresiva y
abrumadora que todos los vínculos esenciales de la vida comunitaria
fueron rotos ese trágico domingo”, señaló el psicólogo Somasundaram
(FIN/2005)
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