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Reedición de "Greta y Marlene", en el
centenario del nacimiento de Garbo

Madrid, 9/9/2005 (EFE).- Coincidiendo con el centenario del nacimiento
de Greta Garbo, vuelve a reeditarse el libro "Greta & Marlene.
Safo va a Hollywood" (T&B), en el que la periodista
norteamericana Diana McLellan bucea en los amores sáficos de los años
dorados de la Meca del cine.
El libro hace especial hincapié en la secreta relación que
mantuvieron en su día dos grandes divas, Greta Garbo y Marlene Dietrich.
"La discreción y la lealtad eran dos cualidades que Greta Lovisa
Gustaffson siempre había exigido a sus amigas" confiesa McLellan
quien entiende que la traición a esta máxima por parte de Marlene fue la
causa del enfado entre las dos mujeres, que trajo consigo la rotunda
negación sobre cualquier tipo de relación mantenida entre Greta y
Marlene, dos mujeres que coincidieron en Hollywood y siempre negaron
haberse conocido.
La autora sitúa en el Berlín de 1925 el romance que mantuvieron las
dos divas justo antes de que Greta se convirtiera en la Garbo y Marlene en
la Dietrich. Hasta Berlín había llegado Greta procedente de Suecia y de
camino a Hollywood.
Greta había firmado una carta prometiendo que iría a Hollywood para
trabajar en la Metro Goldwing Mayer, pero antes se fue junto a su
descubridor, el director sueco Mauritz Stiller, a Berlín para rodar allí
una película "Bajo la máscara del placer", en un momento en
que la capital alemana vivía los alegres tiempos que siguieron a la I
Guerra Mundial.
Fue una bailarina de cabaret quien atrajo a Greta "al garito más
salvaje del lesbianismo berlinés: el cabaret del Ratón Blanco",
escribe Diana McLellan, quien añade: "pero otra mujer excitante que
trabajaba en la película hizo mucho más... Era una joven madre, de pelo
negro, piel blanca, una atrevida, mundana y sexualmente voraz chica de
veintitrés años, feliz de poder llevar a Greta por aquel nuevo mundo de
bares de gays y lesbianas".
Esta mujer era Marlene. Una joven Marlene que interpretó delante de
Greta un tango marcadamente sexual. "La escalofriante danza nupcial
de Marlene debió subyugar a la joven sueca", apunta McLellan, quien
sugiere que fue la propia Garbo la que convenció al director de "Bajo
la máscara del placer" para que diese un pequeño papel a Dietrich
en la película.
"Durante seis décadas Marlene Dietrich y Greta Garbo pretendieron
no haberse conocido nunca, ni antes, ni durante, ni después del rodaje de
'Bajo la máscara del placer'", señala McLellan quien descubrió en
la película la intervención de la Dietrich, algo negado siempre por
ambas.
"Una o dos veces a lo largo de los años, cuando la presionaban,
Marlene admitía que había sido una extra en 'Bajo la máscara del
placer'. Pero insistía en que nunca había conocido a Garbo, igual que
Garbo pretendía no haber conocido nunca a Marlene", escribe la
autora, para quien está claro que fue Dietrich quien llevó a Garbo a
recorrer los antros nocturnos berlineses.
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