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La madre de Haití
Rebecca E. Kessler
NUEVA YORK, nov (IPS) - La anciana Madame Ti
Zo, de casi 100 años, ya perdió la cuenta de todos los niños que ayudó
a nacer como partera y de las personas que salvó de la muerte como ”médica
de hojas” o curandera en Haití.
Aún está allí, ayudando a enfermos y mujeres
embarazadas en las paupérrimas chozas sobre el río Jacmel, en las
afueras de la meridional ciudad portuaria haitiana del mismo nombre, donde
viven unas 30.000 personas.
Sus recursos son limitados, pero al parecer efectivos: hierbas locales, un
ungüento antiséptico, unos masajes y oraciones.
La vida de Madame Ti Zo (”señora pequeños huesos”), cuyo verdadero
nombre es Madeleine Desrosiers, es el tema de un documental que lleva su
nombre, del cineasta estadounidense David Belle, presentado a comienzos de
este mes en el anual Festival de Cine y Vídeo Margaret Mead, en el Museo
de Historia Natural de Nueva York.
En ”Madame Ti Zo”, la curandera aparece con sus vestidos tradicionales,
explicando en creole cómo realiza su trabajo.
Esguinces, huesos rotos, dolores de garganta, fiebres y parásitos
intestinales nunca son cosa difícil para esta mujer de larga experiencia,
que ordena tratamientos con aspirinas y hojas de naranjo hervidas con sal
y pimienta.
”Muchos ingredientes me son revelados en sueños. Lo que veo es lo que
doy”, dice Madame Ti Zo, quien trabajó 10 años en un hospital para
luego dedicarse por completo a la medicina tradicional, un legado de su
familia.
”En Haití, la gente nace y muere delante de tus ojos”, afirma la
anciana en la película.
Este pequeño país del Caribe es azotado desde hace decenios por la
extrema pobreza, la inestabilidad política y los desastres naturales,
como el huracán Jeanne, que en septiembre mató a 3.000 personas y
desplazó a muchas más.
La expectativa de vida para los haitianos era de 50 años en 2002, según
la Organización Mundial de la Salud (OMS). El gasto en salud por
habitante era de 22 dólares en 2001, una cifra casi inexistente comparada
con los 4.887 dólares que invierte Estados Unidos.
Haití tiene apenas 8,4 médicos cada 100.000 habitantes, según datos de
1992, los últimos disponibles.
Por eso, los curanderos y herbolarios son la única defensa antes las
enfermedades para muchas personas en Haití, sobre todo en las zonas
rurales, donde 40 por ciento de la población no tiene acceso a atención
médica.
La OMS calcula que 20 por ciento de los nacimientos en el país se
producen fuera de hospitales.
”¡Párate sobre tus pies! ¡Párate! ¡Párate!”, le grita Madame Ti
Zo a una mujer en una de las escenas más impactantes del documental. Esa
mujer acaba de dar a luz, e intenta alzarse apoyada en unas vigas de la
choza y con la ayuda de las parteras.
Para Madame Ti Zo, asistir un parto es tan común como elaborar su comida
diaria en base a bananos. La ”médica de hojas” asegura que ha llegado
a atender cinco partos en un día. Ella misma tuvo 12 hijos.
”Cualquiera puede ser un médico. Sólo necesitas ser paciente y cariñoso.
Si no eres paciente ni cariñoso, no podrás hacer el trabajo que Dios te
dio”, dice en el filme, mientras recoge cacahuates en una canasta.
La película de Belle es la segunda de una serie de seis documentales que
registran la vida de los ancianos de Haití y sus tradiciones. La primera
entrega, en 2001, fue ”Words of the Elders” (Palabras de los ancianos).
El cineasta regresará a Haití a fines de este mes para comenzar la
filmación de la tercera película, esta vez sobre la vida de un sacerdote
vudú. Luego seguirán un pintor, un pescador y, quizás, toda una familia
de granjeros, adelantó Belle.
”Retratar a personas comunes inspiradoras es, al fin de cuentas, más
importante que investigaciones reveladoras”, afirma ahora el
documentalista, quien en el pasado realizó trabajos de investigación
periodística, como ”Abandoned: The Betrayal of America's Immigrants”
(Abandonados: La traición de los inmigrantes de Estados Unidos), co-dirigida
por Nicholas Wrathall, en 2000.
Belle pasó cerca de un año con su equipo en Haití para filmar ”Madame
Ti Zo”. La mayor parte del tiempo la dedicaron a trabajar sin cámaras,
procurando ganar la confianza de la curandera, de sus pacientes y de sus
familiares.
El objetivo era que nadie se sintiera incómodo luego con la filmación, y
que se les permitiera captar escenas íntimas que serían clave para el
documental, que no tiene ninguna entrevista y sólo pequeñas narraciones
de la propia Madame Ti Zo.
”Fue maravilloso ver la autoridad que tiene ella tanto en la medicina
como en la psicología. Al mismo tiempo que curaba a enfermos las 24 horas
del día, criaba a sus nietos y ayudaba a todas las personas que viven en
su caza”, contó Belle.
Este cineasta de 32 años se ha dedicado desde 1993 a viajar con
frecuencia Jacmel para conocer a fondo a la comunidad de esa pobre ciudad
haitiana.
Como ciudadano de la nación más rica del hemisferio viviendo en el país
más pobre del hemisferio, ”siento la responsabilidad de compartir todo
lo que tengo”, afirmó.
Belle ayudó hace dos años a crear el Centro de Artes de Jacmel, que es
ahora dirigido por el artista plástico haitiano Patrick Boucard. El
Centro procura brindar educación y empleo a través del arte a los jóvenes
del lugar.
En julio, el Centro organizó el primer Festival Cinematográfico de
Jacmel, que exhibió gratis varias películas haitianas y, por su puesto,
”Madame Ti Zo”.
A lo largo de los años, muchas personas se han acercado a la vieja
curandera con intención de aprender su oficio, pero ella ha rechazado a
la mayoría, pues teme que los codiciosos se aprovechen luego de los
enfermos.
Madame Ti Zo tiene la esperanza de poder enseñarle en el futuro a su
bisnieta, una niña de cinco años que también se llama Madeleine.
(FIN/2004)
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