Cachirulo.

 

Porque el teatro es lo más maravilloso que se cruzó en mi vida.

Enrique Alonso

Vasija de vidrio, parche, remiendo… tal define el diccionario de la Real Academia de la Lengua Espaňola. Nacido en Sinaloa (1924), llega con su encanto y sus fantasías a Ciudad de México para dejar en cada uno de nosotros una huella profunda.

Como parte del homenaje a sus 50 años de actor (1999), la primerísima actriz, Alicia Montoya, se refería así: "Enrique Alonso no es un ser, sino un conjunto de seres. Podría meterse en los zapatos de un faraón, rescatar princesas encantadas, ser un rey, volar alfombras mágicas y no nos causaría sorpresa.

De mi madre (María Tereza Montoya), aún siendo niños que crecimos en el teatro, aprendimos que un artista debe marcar pautas y cautivar al público. De alguna manera, y ahí reside su misterio, Cachirulo ha logrado conjugar ambas cosas, transmitir emociones que otros no consiguen y, lo que es más importante para su gloria, convencer al público de su enorme talento".

Nombres como Virginia Fábregas, María Conesa, Esperanza Iris, se asocian a su deambular por los recuerdos de ese país donde el teatro era un lugar de esparcimiento para todo el público. El teatro de revista, la zarzuela. El actor, director, cronista y dramaturgo mexicano elevó las historias más ingenuas, las más cultas, las más intensas, las más simples hasta el nivel más alto: Los niños y los no tanto. Para todos los que vimos por la televisión su Teatro Fantástico lo recordaremos con su inigualable sonrisa y su vestuario. Y con todo, pocos recuerdan, o saben, por ejemplo, que en 1991, junto con Jesusa Rodríguez, puso en escena “Primer Cachirulo para Adultos: El Gigante Egoísta,” en El Hábito, de Coyoacán en Ciudad de México. Ahí también montó una pastorela.

Parafrasando a José Antonio Alcaraz, quien hacía referencia a otro personaje, se puede afirmar que Enrique Alonso es y será siempre, un “testimonio memorioso, un ritual de encuentro.” Todos los que estuvimos, de alguna manera, cerca de este personaje, de este gigante infantil, crítico y sereno, por la televisión, el teatro, o los libros, podemos estar seguros que ese infante que llevamos dentro jamás fue defraudado por este Cachirulo que, durante años y años, estuvo presente en nuestras casas y en nuestros corazones.

Concluyamos con los deseos de Enrique Alonso sobre el arte dramático en México, pues las energías, las ilusiones y las palabras de este hombre fueron siempre contundentes. Nos encontramos, ahora, en el marco de la Conferencia Zarzuela y Género Chico, en Colima, Colima, el 30 de junio del 2000: "Escoger la obra o el tema que se deseé es muy importante; si se piensa sólo crear teatro por hacer dinero, el resultado serán puros mamarrachos; lo que necesitamos es que haya gente que esté enamorada de su trabajo, que se arriesgue con pasión para no permitir que los teatros se cierren". Arriesguémos con nuestros actos, apasionémonos por recuperar nuestros espacios, los individuales, los colectivos, los nuestros. Honra a quien honor merece: A un hombre que, siendo gay, rebasó toda etiqueta, rechazó todo atavismo con sus actos y con su vida misma. Larga Vida a Enrique Alonso “Cachirulo” (1924-2004).

© Agustin Villalpando/Enkidu.