CUBA:
Opinión dividida sobre
reelección de Bush
Dalia Acosta
LA HABANA, 4 nov (IPS) - El pesimismo extremo,
la indiferencia e, incluso, un ligero optimismo forman parte del universo
de opinión de los cubanos respecto de la incidencia sobre su país de un
segundo mandato presidencial de George W. Bush en Estados Unidos.
Aunque sin esperar milagros, analistas consultados
vaticinan una nueva administración de Bush más moderada en su política
hacia Cuba. Sin embargo, el gobierno de Fidel Castro no cree en la
posibilidad de cambios ”para bien”.
”No había mucho que esperar, uno y otro representante del poder se
planteaban como objetivos, por métodos distintos, destruir a la revolución
cubana”, aseguró Randy Alonso, conductor del programa de televisión
Mesa Redonda.
El panel, que se transmite diariamente por la televisión estatal, insistió
en la posición expresada por altos funcionarios en las últimas semanas:
independientemente de quién resultara elegido en Estados Unidos, Cuba
esperaba ”más de lo mismo”.
En las calles de esta isla caribeña pueden recogerse expresiones de
descontento o resignación, mientras el diario oficial Granma se abstuvo
de hacer comentarios editoriales sobre el resultado de las elecciones del
martes en Estados Unidos.
Por su parte, académicos y representantes de la oposición moderada no
descartan la posibilidad de un descenso de las tensiones, luego de que
Bush dejó atrás la campaña electoral y se aseguró otros cuatro años
en la Casa Blanca.
”En un segundo período ya no pesan intereses de una reelección y Bush
podría considerar que ya complació a la derecha del exilio cubano y le
ha pagado lo que esta pudo aportar con recursos económicos”, opinó el
opositor moderado Eloy Gutiérrez Menoyo.
A juicio del ex comandante guerrillero, quien regresó del exilio el
pasado año y aún espera autorización oficial para residir en el país,
es probable que el presidente Bush empiece a prestarle mayor atención a
las propuestas de flexibilización hacia Cuba.
Fuentes especializadas destacan que 17 de las 45 iniciativas relacionadas
con Cuba, introducidas en el Congreso estadounidense este año, buscaban
el levantamiento total o parcial del embargo que soporta la isla por más
de 40 años.
Una enmienda presentada por el congresista del Partido Demócrata Charles
Rangel, para eliminar los mecanismos que sustentan las sanciones económicas,
perdió por algo más de 20 votos.
”En otra época, el Congreso sólo legislaba contra la isla, hoy día
dejó de ser un órgano anticubano neto para convertirse, también, en
instrumento de debate de la política hacia Cuba”, afirmó a IPS el
analista Esteban Morales.
Director del gubernamental Centro de Estudios de Estados Unidos y miembro
de la Academia de Ciencias de Cuba, Morales estima que ”nunca antes la
política (estadounidense) en relación con la isla fue tan aislada y
cuestionada” en ese país.
A su juicio, de continuar las tendencias actuales de flexibilización en
el Congreso y en amplios sectores de la sociedad estadounidense, al nuevo
gobierno ”le costará trabajo mantener la actual política agresiva”.
En primer lugar, aparece un paquete de medidas aprobado por Bush en mayo
de este año que, con el fin de propiciar la caída del gobierno de Castro
mediante la disminución de sus ingresos en divisa, afectó a la familia
cubana dividida entre ambos países.
Precisamente, esta limitación del envío de remesas así como también de
los viajes que pueden realizar los cubanos residentes en Estados Unidos a
su país de origen serían algunas de las sanciones contra Cuba que el
presidente reelecto podría replantearse a corto o mediano plazo.
No necesitamos que ”nuestras familias continúen siendo rehenes de un
viejo y enquistado conflicto entre ambos gobiernos”, afirmó el portavoz
de la organización opositora Arco Progresista, Manuel Cuesta Morúa, en
una misiva a Bush tras su reelección el martes.
A nombre del grupo socialdemócrata que actúa en la ilegalidad, Cuesta
Morúa aseguró que ”el sector progresista de cubanos, dentro y fuera de
la isla” espera ”una seria reconsideración” de la política hacia
Cuba.
El aumento de las compras cubanas de alimentos a empresas estadounidenses,
desde su inicio en 2001 como una excepción al embargo, se mantendrá como
una tendencia a favor del triunfo del realismo en las relaciones
bilaterales.
Esta semana, cuando las autoridades cubanas esperaban sin optimismo de
ningún tipo los resultados de las elecciones presidenciales en Estados
Unidos, se contrataban compras por más de 10 millones de dólares.
El levantamiento de las restricciones al comercio con Cuba, el acceso a créditos
bancarios y la autorización de viajes a la isla de ciudadanos
estadounidenses serán temas que estarán una y otra vez sobre la mesa de
Bush en su segundo mandato.
Fuentes cercanas al gobierno de Castro han reconocido la posibilidad de
que algunas de estas iniciativas sean aprobadas por el presidente
estadounidense, pero descartan una decisión más radical de levantamiento
total del embargo.
Algunos especialistas en política internacional tampoco creen posible una
agresión militar estadounidense a Cuba, amenaza que cobró fuerza en 2003
como parte de la política de guerra preventiva de Washington contra los
países que a su juicio promueven el terrorismo.
Al mismo tiempo, no faltan los escépticos que aseguran que de este
presidente perteneciente al Partido Republicano se puede esperar cualquier
decisión, por descabellada o irreal que parezca.
Para el sociólogo Aurelio Alonso, un segundo mandato del ”fanatismo”
de Bush pudiera ser aún peor para Cuba y el mundo que el primero, por la
posibilidad de poder ”dar cumplimiento a sus propósitos con muy pocas
fuentes de contención”.
A su juicio, es muy probable que ”los planos de intervención” vuelvan
a ser valorados ”en las nuevas coordenadas”.
”Cuba va a permanecer como el blanco alumbrado las 24 horas en el campo
de tiro mientras dure esta administración en la Casa Blanca” y la
población de la isla deberá prepararse ”para vivir otros cuatro años
en estado de máxima tensión”, afirmó. (FIN/2004)
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