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La redención del realismo
Mario Osava
RIO DE JANEIRO, sep (IPS) - En Brasil no hay
paraíso que no sea rodeado de infiernos, la corrupción es la vía de
realización de sueños modestos como tener una casa propia para vivir, la
justicia es una gran ausente y sólo queda esperar la intervención divina.
¿Qué tiene que ver esto con el cine?
En la película "Redentor" esas llagas de la realidad nacional
se muestran por medio de un arsenal aturdidor de recursos, como es un
narrador ya muerto, una fórmula que no es novedad en literatura, diálogos
con Dios que exigen efectos especiales, clima de ópera, algo de bufonería,
humor negro y vuelcos inesperados.
Esta opera prima del director Claudio Torres entusiasmó a algunos críticos.
Rescata el filme de autor, de ideas, en un período de un cine brasileño
más preocupado en ganar mercado y temeroso de aventurarse fuera del
naturalismo.
La "comedia dramática", como quedó definido el filme, parte de
un hecho común en Brasil. Un gran empresario sin escrúpulos finalizaba
la construcción de un edificio de 480 departamentos, cuando su empresa
quebró y él se suicidó.
La historia narra que el lado del gran edificio embargado, bautizado
"Condominio Paraíso" y ubicado en un barrio de clase media en
ascenso de Río de Janeiro, nace una favela (asentamiento irregular y
hacinado) de 20.000 habitantes, donde viven entre otros los obreros que
trabajaron en la construcción del edificio y quedaron sin recibir los últimos
sueldos.
Como era natural, un día pobladores de la favela invadieron los
departamentos. "Fuimos nosotros que los construimos", dijo un
obrero para justificar la invasión. Ilegal es mantener un edificio
inhabitado cuando hay tanta gente sin techo o viviendo en favelas,
argumentó.
El hijo del empresario, Otavio, asume los negocios fallidos e intenta
recuperarlos usando el mismo método paterno, buscando dinero de la
corrupción gubernamental en Brasilia, pero fracasa. El ministro corrupto
se había convertido en enemigo, pues su propia mujer había sido víctima
de los fraudes de la constructora, adquiriendo un departamento que nunca
recibió.
El otro personaje central es el periodista Celio, encargado de cubrir el
escándalo para un diario.
Aunque fue amigo de infancia de Otavio, el cronista lo odia porque su
propio padre gastó todos sus ahorros comprando un departamento del "Paraíso".
Por ello la familia vive amargada y amontonada en casa de parientes.
Pero Celio se deja corromper. Ante la promesa de recuperar el departamento
de su padre escribe un reportaje favorable al empresario, luego acepta ser
su testaferro como titular de una cuenta bancaria donde Otavio pretende
ocultar 50 millones de dólares que logró desviar de la empresa.
Sin embargo, Celio supo enseguida que su padre enfermo se juntó a los
invasores del "Paraíso" y murió de un ataque cardíaco en el
departamento que había comprado, cuando la policía desalojó a los
ocupantes.
Ahí es cuando enloquece. Recibe mensajes de Dios para corregir las
injusticias del caso.
También el filme enloquece y pasa a los delirios en un ritmo de vértigo
y exageraciones. Celio es detenido, luego comanda una fuga y una compleja
operación para distribuir el dinero de la corrupción a los obreros
estafados.
Finalmente su misión será como un ángel redentor de los pobres, una vez
que es muerto por los propios beneficiados que en un momento se juzgaron
engañados.
Claudio Torres llevó ocho años para hacer el filme, cuyo guión escribió
junto con su hermana, la actriz Fernanda Torres, y la experimentada
guionista Elena Soárez. Los actores son todos conocidos de telenovelas y
otros programas de la Red Globo, hegemónica en la televisión brasileña.
Otavio y Celio son representados conocidos comediantes, como lo son
respectivamente Miguel Falabella y Pedro Cardoso.
Pero difícilmente "Redentor", en exhibición comercial desde
mediados de mes, tendrá éxito de taquilla. Es un filme que escapa a la
tendencia actual, al reasumir el absurdo y el delirio como únicas forma
de explicar o conocer el país, línea que ya produjo grandes obras del
cine brasileño.
Además pone en cuestión la moral de la sociedad brasileña, cómplice de
la corrupción, y ridiculiza la religiosidad que hace esperar soluciones mágicas
para las llagas sociales del país, ante la omisión total de la Justicia.
Torres, sin embargo, se afirma como un cineasta de talento innovador, en
una generación formada en técnicas de publicidad y en videoclips.
Es un caso de herencia. El director es hijo de dos grandes actores,
Fernanda Montenegro, una reina del teatro y el cine brasileños, y
Fernando Torre. Ambos actúan en "Redentor", un filme
"familiar". (FIN/2004)
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